Después de la ruptura del “empate”
Datafolha dijo que la actual presidenta obtendrá 53 por ciento de los votos contra 45 por ciento de Aécio. Violencia verbal en la campaña.
A pocas horas del trascendental balotaje del domingo en Brasil, un sondeo de Datafolha le da 53 por ciento de intención de voto a Dilma Rousseff contra 47 por ciento de Aécio. Por el lado del Partido de los Trabajadores, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, uno de los artífices de la recuperación en las encuestas de su sucesora en el Planalto, hizo llamados a la militancia movilizada del PT para seguir con la guardia en alto, pero con un mensaje que llamaba a cambiar las críticas por votos. Moviéndose a sus anchas en la arena que más disfruta, Lula recuperó con su carisma muchos votos extraviados por Dilma en la periferia paulista, el lunes, en la capital de su Pernambuco natal, un día después, y en una de las zonas más populosas de Río de Janeiro ayer. Desde el expresidente a cada integrante de la campaña pareció bajarse el mensaje de no dar por ganada una batalla que no ha terminado y que hoy, con el debate final en los estudios cariocas de la red Globo, todavía puede tener ingredientes inesperados. Aun cuando Ibope y Datafolha dieran ayer por roto el “empate técnico” a favor de la presidenta frente al senador. En el PSDB, en tanto, fue el propio Aécio quien salió al cruce de los nuevos sondeos con un vaticinio que sonó más a apelación a sus seguidores, de quienes dijo que se verán incentivados a ir a votar –a partir esos números adversos– para hacer historia. En filas opositoras, sin embargo, no ignoran que se requerirá de un golpe de efecto contrarreloj para impedir que lo que se proyectó en esta última semana de campaña se concrete el domingo. La tapa de la revista Veja , opositora al gobierno, quizá sea esbozada en el cara a cara de esta noche por Neves, para argumentar que tanto Rousseff como el propio Lula estaban al tanto de la trama de corrupción en Petrobras, que se ventila por estos días. Sin embargo, el esgrimir la presunta corrupción del adversario no parece haber servido de mucho a Aécio, sobre quien también llovieron denuncias que él tildó de mentiras y campaña sucia, pero de las que en algunos casos no se pudo deslindar. Ayer, a pesar de que horas antes Dilma y Aécio habían acordado ante el Tribunal Supremo Electoral bajar el tono de agresiones mutuas y elevar el de las discusiones, los candidatos volvieron a cruzar descalificaciones en actos, ruedas de prensa y spots televisivos. Así, la tensión mantiene movilizados a unos y otros en busca de apáticos, escépticos, arrepentidos o indecisos, si es que quedan algunos aún dispuestos a tomar partido.

