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Desmotivados ante uno que espanta y otra que no convence

Uno de esos factores es el sistema electoral estadounidense, que hace de estos unos comicios indirectos donde los ciudadanos optan por sus candidatos no en forma directa sino por un colegio electoral. La particularidad está dada por el hecho de que 48 de los 50 estados del país otorgan la totalidad de sus delegados a quien se imponga aunque sea por un voto en ese distrito.

16 de octubre de 2016 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Desmotivados ante uno que espanta y otra que no convence
Participación. Cuando Bush le ganó a Al Gore en 2000, votó el 52,62% de los estadounidenses habilitados. (AP).

A pesar de la ventaja que casi todas las encuestas dan a la candidata demócrata Hillary Clinton frente al magnate Donald Trump, hay diferentes factores que obligan a la cautela e impiden dar ya como definidas las elecciones presidenciales del 8 de noviembre en Estados Unidos.Uno de esos factores es el sistema electoral estadounidense, que hace de estos unos comicios indirectos donde los ciudadanos optan por sus candidatos no en forma directa sino por un colegio electoral. La particularidad está dada por el hecho de que 48 de los 50 estados del país otorgan la totalidad de sus delegados a quien se imponga aunque sea por un voto en ese distrito.Por esa razón, puede darse el caso de que un candidato reúna menos votos que su rival en el cómputo a nivel país, pero que obtenga la presidencia por haber hecho diferencia en los estados que concedían más delegados. Fue lo que sucedió en los comicios de noviembre de 2000, cuando Albert Gore perdió con George W. Bush, pese a obtener 500 mil votos más en el cómputo general.El otro factor clave será la participación y el perfil de votantes que acudan a las urnas.Tradicionalmente, el núcleo duro de partidarios republicanos no se abstiene, aunque con Trump se dan circunstancias inéditas de miembros del partido que ya han anticipado que no lo apoyarán.Por el lado de Hillary, desde hace semanas el desafío es persuadir a los jóvenes, que en 2008 y 2012 fueron soporte clave para Barack Obama y en las primarias estuvieron del lado del senador Bernie Sanders.Precisamente, las elecciones que en 2008 Obama le ganó al republicano John McCain marcaron un récord de participación para lo que va de este siglo, con 133.944.538 votos sobre 233.087.000 ciudadanos en edad de sufragar. Es decir, una afluencia del 57,47 por ciento, que se tradujo en 365 votos electorales para el demócrata y 173 para su rival. En sufragios, la distancia fue de nueve millones y medio.Cuatro años más tarde, Obama logró la reelección ante Mitt Romney con 332 votos del colegio y 65.915.796 sufragios, casi 3,6 millones menos que los cosechados en 2008 y con un total de votantes de 129.085.403 sobre 240.926.957 habilitados. La participación cayó entonces al 53,58 por ciento.La ya mencionada elección ganada por Bush a Gore tuvo una participación del 52,62 por ciento, que trepó al 57,07 por ciento cuando en 2004, en medio de las guerras, el republicano fue reelegido por amplio margen.Viendo la renuencia de muchos estadounidenses a acudir a las urnas y la injerencia que los presidentes de ese país se atribuyen luego en el gobierno del mundo, no son pocos los que alegan, medio en broma, medio en serio, que el 8 de noviembre el planeta entero debería tener derecho a voz y voto.

Presidentes de un cuarto

La mitad de la mitad. Las elecciones no obligatorias denotan el desinterés.

Los comicios que escogen al hombre más poderoso del mundo, desde cierto punto de vista, revisten baja representatividad. En este siglo, las elecciones norteamericanas tuvieron grados de participación que van entre el 50 y el 57 por ciento. El que ganó siempre lo hizo por poco menos de la mitad. Es decir que los presidentes de Estados Unidos son elegidos por menos de un cuarto del padrón.