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Los desafíos de una potencia democrática

Para los próximos cuatro años, Estados Unidos deberá subsanar la crisis de liderazgo que muestra en el plano de la política internacional.

04 de noviembre de 2020 a las 12:01 a. m.
Gustavo Di Palma*
Los desafíos de una potencia democrática

Para enfrentar los grandes dilemas que tiene por delante un país que aún se aferra a su chapa de principal potencia planetaria, la lógica indica que lucidez, vitalidad y entusiasmo son tres cualidades fundamentales que deberá exhibir el flamante presidente electo de Estados Unidos en el ejercicio de su estresante tarea.

Tanto el candidato vencedor como el derrotado ya atravesaron largamente el umbral de los 70 años.

En estos tiempos, esas tres virtudes no son extrañas a esa edad, pero sin dudas la exigencia es mayúscula en el actual escenario.

La mayoría de los analistas coinciden en señalar que esta fue la elección más

importante en los últimos 80 años en la principal democracia de Occidente.

El calibre de los hechos suscitados en 2020, tanto inducidos (decisiones y estilo de gobierno) como imprevistos (aparición del Covid-19), le ponen un toque dramático al horizonte político norteamericano.

Como ocurre en todas las sociedades del mundo desde que se desató la pandemia, los estadounidenses sufren las consecuencias de una crisis sanitaria y económica de gran profundidad, quizá la más importante que se recuerde desde la Gran Depresión de los años 1930.

En forma simultánea, la violencia racial desató en el país una ola de protestas sociales equiparables a los disturbios ocurridos durante la turbulenta década

de 1960.

Como marco de estos problemas que laceran al país, la sociedad vive un clima de

inusitada polarización política.

El perfil de gobierno de Donald Trump dibujó una grieta al mejor estilo argentino, cuya profundidad puede ser morigerada por la fortaleza de las instituciones estadounidenses, pero quizás se proyecte mucho más allá en el tiempo.

La crisis económica desatada por la pandemia le puso freno a uno de los períodos más largos de crecimiento en la historia del país, aunque como atenuante algunos datos dejan vislumbrar algunos signos de recuperación.

No bien se inicie el nuevo período de gobierno, sin embargo, es posible que Estados Unidos deba enfrentarse a nuevos coletazos del Covid-19 en pleno invierno, tal como ocurre en Europa, con renovados efectos negativos para el funcionamiento de su economía.

En el plano externo, una de las virtudes que logró exhibir Trump a lo largo de los

últimos cuatro años es que no condujo a Estados Unidos a ninguna aventura bélica en gran escala, pese a que llevó algunos conflictos a tensiones extremas (Corea del Norte e Irán, enemigos íntimos de la principal potencia capitalista, estuvieron a punto de poner en crisis la estrategia trumpeana).

Ese hecho representa un importante alivio para el próximo período que se abre el 20 de enero de 2021.

Para los próximos cuatro años, Estados Unidos deberá subsanar la crisis de liderazgo que muestra en el plano de la política internacional, a partir de la decisión de Trump de encerrarse en sus propias fronteras.

La pulseada con China, limitada por ahora al plano comercial, es uno de los grandes desafíos en este aspecto.

América latina, en tanto, posiblemente permanezca en los puntos más recónditos de la agenda.

*Politólogo y periodista