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Delincuencia, el otro problema colombiano

Tras los éxitos contra la guerrilla y el narcotráfico, Colombia afronta el reto de la criminalidad común, un tema que entró de lleno en la campaña presidencial.

14 de junio de 2014 a las 12:01 a. m.
Silvia Blanco (El País, de Madrid)
Delincuencia, el otro problema colombiano
Controles. Los robos, sobre todo en los colectivos, se convirtieron en uno de los asuntos que más preocupan a los colombianos (AP/Archivo).

Bogotá. En la capital colombiana, no es raro que alguien le cuelgue el teléfono y lo justifique con que está en la calle. No tiene nada que ver con el ruido o la falta de señal, sino con el miedo a que le arranquen el móvil de la mano.

A Diego Medina, un empleado de banco de 40 años, le pasó dos veces en tres meses. Ni siquiera terminó de pagar las cuotas del último celular, que le robaron hace 10 días. Fue junto a su casa, en un barrio de clase media a las cuatro y media de la tarde.

“Aparecieron cinco personas en dos bicicletas, uno se me cruzó y me dio un puñetazo, otro me tiró al suelo, intenté resistirme, me patearon y otro me puso un revólver en el pecho. Ya no hice nada”, cuenta. Nadie le ayudó, nadie llamó a la policía. De hecho, él tampoco lo hizo. “Es tiempo perdido, no sirve de nada”, afirma.

El robo de móviles es el más común en Bogotá, uno de los que generan mayor alarma, de los que más se habla en la prensa – El Tiempo tiene una categoría de noticias dedicada sólo a este hurto– y al que los candidatos presidenciales se refirieron en sus propuestas.

Pese a que la policía dice que se redujo 18 por ciento, se convirtió en el símbolo de la inseguridad, uno de los asuntos que más preocupa a los ciudadanos en un país que redujo los niveles de violencia, desmanteló los grandes carteles de la droga, desmovilizó a paramilitares y que negocia la paz con los guerrilleros.

Pese a todo eso, aún tiene una tasa de 30,8 homicidios por cada 100 mil habitantes. Más que Brasil o México.

Realidad cambiante

La guerra y el conflicto con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) quedan ahora muy lejos de las ciudades. Es algo que se percibe como lejano frente al problema diario de la inseguridad.

“Hasta finales de los ’90, en Colombia había grandes organizaciones criminales que controlaban toda la cadena del narcotráfico, como el cartel de Medellín, de Pablo Escobar”, explica el experto en seguridad de la fundación Paz y Reconciliación Ariel Ávila.

“Pero a medida que fueron cayendo se fragmentó el negocio en bandas que actúan en las ciudades muy especializadas en la extorsión y el tráfico de drogas a pequeña escala, el robo de celulares”, argumenta.

Siempre atestado de gente, en una ciudad de ocho millones de habitantes donde no hay subte, en el Transmilenio –un sistema de colectivos articulados– se produce la mayoría de los robos. “Siempre cierro los bolsillos al entrar y me coloco el bolso delante”, explica Paula, una estudiante de Sociología de 18 años. Va con Tomás, al que ya atacaron tres veces en los cinco años que lleva en Bogotá, siempre a punta de navaja.

Para María Victoria Llorente, experta en seguridad y directora de la Fundación Ideas para la Paz, “aunque objetivamente no aumentó la inseguridad ciudadana, lo que diferencia a Colombia en cuanto al robo de celulares es el uso de la fuerza. Somos una sociedad muy violenta”, reflexiona.

“Tenemos una policía que destinó todos sus recursos a luchar contra el narco y contra la guerrilla, donde fue muy eficaz”, cuenta, y asegura que ahora “hay que desmilitarizarla” y enfocarse en formar a equipos de agentes de calle para un tipo de amenaza que cambió, al menos en las ciudades.

Cruces de campaña

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, vaticinó que será reelegido en el balotaje de mañana “por 8 o 10 puntos”, en tanto que el exmandatario Álvaro Uribe jugó sus últimas cartas por su candidato, Óscar Iván Zuluaga, al afirmar que el actual jefe de Estado “es el candidato de las Farc”. Ayer, Santos recibió el respaldo del hermano del jefe de las Farc, “Alfonso Cano”, muerto por la fuerza pública en 2011.