Chile es un país con contrastes
Para la oficialista Evelyn Matthei, la pelea es por forzar el balotaje. Michelle Bachelet aspira a ganar en primera vuelta.
Enviado especial a Chile. Todavía resonaban ayer en las calles de Santiago las palabras de Michelle Bachelet en su acto de cierre de campaña del jueves, cuando llamó a sus seguidores a ganar esta elección mañana en primera vuelta y de manera contundente también en el Congreso. "Queremos ganar en primera vuelta porque tenemos mucho que hacer" dijo la candidata de Nueva Mayoría, quien cuatro años atrás se aprestaba a dejar La Moneda con un 80 por ciento de popularidad. Sin llegar a tamaña adhesión en sondeos de intención de voto, todas las encuestas colocan al tope de las preferencias a la extitular de ONU Mujeres, quien dejó ese cargo para buscar un regreso al poder que no registra antecedentes en ningún mandatario desde que Chile volvió a la democracia en 1990. Lo intentó en 2009-2010 Eduardo Frei, pero cayó ante el actual presidente, Sebastián Piñera, primer gobernante que la derecha post-Pinochet pudo ungir a través de las urnas.Pero hoy esa derecha aparece más fragmentada que nunca y su candidata, Evelyn Matthei, no sonó muy convincente cuando llamó en su último acto a votar "por una sociedad más libre y más justa".Desde una gigantografía que se divisa de lejos viajando desde Pudahuel hacia el centro de la capital del país, una sonriente Matthei pide "un 7 para Chile", como si se tratara de la calificación de un examen o el puntaje de un concurso de TV. En realidad, se trata de un juego con el número de boleta que se le asignó a la postulante oficialista. Sólo que el cartel con el pedido de Matthei emerge entre pequeñas y precarias construcciones levantadas en la zona de Renca, donde los asentamientos pobres parecen haber crecido tanto en estos cuatro años como algunos índices de la macroeconomía. Los dos países Acercar dos fotos, una de esta margen del río Mapocho, librada a su escasa suerte, y otra de Vitacura o Las Condes, refleja la postal más indisimulable del país: la desigualdad. "Hay un país súper exitoso que vemos en las noticias y no siempre encontramos en nuestras casas", decía Bachelet antenoche, ante la aclamación de miles de seguidores que confían en ganar en el primer round . "La campaña entre el 6 (el número de lista de Bachelet) y el 7 va a seguir", afirmó Matthei en rueda de prensa, al vaticinar balotaje el 15 de diciembre.Un colega de la TV chilena le advirtió a este enviado que viniera preparado para todo, porque "todo puede pasar". Claro que dentro de ese "todo" apuntó a un posible triunfo de Bachelet en primer turno; un balotaje entre Bachelet y Matthei o incluso una segunda vuelta que tenga como contendientes a la expresidenta con un tercero en discordia. ¿El derechista independiente Franco Parisi? ¿El centroizquierdista disidente Marco Enríquez Ominami? Lo concreto es que los nueve candidatos presidenciales de mañana (seis hombres y tres mujeres) exhortaron a la participación y, con su última gota de proselitismo, llamaron a votar. El propio Piñera afirmó ayer que la adopción del voto voluntario tenía como fin más libertades, pero suponía más compromiso. Incógnitas Saber si Bachelet contará mañana con el apoyo suficiente para evitar un balotaje es la incógnita principal a resolver. Pero casi tan importante como resolver ese dilema es la incógnita que plantea determinar cuál será el índice de participación en estos primeros comicios presidenciales con voto no obligatorio. Ambos interrogantes van de la mano y de su respuesta depende la resolución del problema.El nuevo padrón chileno, de registro automático, incluye a 13.576.143 personas; unos cinco millones de electores más con respecto a las anteriores presidenciales, pero sin obligación formal de votar."Tenemos que votar por una nueva Constitución, que es mucho más que un texto", arengó Bachelet en su mensaje final de campaña y su voz parecía todavía retumbar un día después en la Alameda Bernardo O'Higgins.

