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Cautivados por la alegría

Y más importante que lo que hace Francisco es lo que está haciendo Dios en este tiempo del mundo y de la Iglesia.

12 de marzo de 2017 a las 12:01 a. m.
Pedro Torres*
Cautivados por la alegría

Al repasar estos primeros cuatro años de servicio a la Iglesia universal del papa Francisco, como obispo de Roma (la Iglesia que nos preside en la caridad) y, como tal, sucesor de San Pedro, lo primero que viene a mi corazón es este título: mirando a Francisco, mirándolo particularmente desde la fe, nos sentimos cautivados por la alegría.

Desde el primer momento hasta hoy, con gestos y palabras cargados de sencillez y provocando un renovado estilo de comunicación eclesial, ha invitado a la alegría y a la esperanza, en particular en el año dedicado a la vida consagrada y en la experiencia profunda de la misericordia como clave que, atravesando el acontecimiento del Concilio Vaticano II, resurge hoy como llamado a volver a lo esencial, en un compromiso de obras desde el corazón a las periferias existenciales.

Tiempo y espacio

Con estilo sinodal (de escucha y discernimiento en un caminar juntos), este Papa se ha caracterizado por iniciar procesos eclesiales y sociales marcados por la certeza de que el tiempo es superior al espacio, que la unidad prevalece sobre el conflicto y la realidad es más importante que la idea.

Como fiel hijo de San Ignacio, nos urge de forma permanente al encuentro con Cristo y a la docilidad al Espíritu, con un discernimiento realista que no se asusta frente a las controversias y conflictos, incluso internos de la vida eclesial, y se encamina al aprendizaje del amor.

Los más pobres, la familia, los jóvenes y el cuidado de la casa común han ocupado un lugar especial en sus desvelos y están marcándole a la Iglesia un rumbo para promover una cultura del encuentro en el siglo que transitamos.

Por cierto, innumerables fueron sus llamados a la paz y conmovedores sus gestos ecuménicos, sembrando la esperanza de aprecio y colaboración entre todos los hombres.

Él nos testimonia que no ha perdido la paz y que se sabe un hombre frágil.

Nos decía al comienzo de su pontificado: “Recen para que no me la crea”. Y nos sigue diciendo por estos días que no le interesa el culto a su persona. No deja de implorar en toda circunstancia que recen por él. Más allá del repaso de lo realizado en estos años, cabe recordar que más importante que Bergoglio es Francisco.

Y más importante que lo que hace Francisco es lo que está haciendo Dios en este tiempo del mundo y de la Iglesia.

*Obispo, miembro del Comipaz