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Catarsis ante una tribuna insustituible

“Somos un país democrático rodeado de países democráticos, respetuosos del derecho internacional”. La sentencia de Dilma apuntaba hacia la Casa Blanca.

25 de septiembre de 2013 a las 02:00 p. m.
Redacción La Voz
Catarsis ante una tribuna insustituible

Desde que el secretario General Ban Ki-moon dio por inaugurada la 68ª Asamblea General advirtiendo que “una victoria militar en Siria es pura ilusión” y que “la única solución es política” el recinto principal de la Organización de Naciones Unidas, en la ciudad de Nueva York, fue ayer la caja de resonancia de varios encendidos mensajes, justas reivindicaciones, esperanzadoras promesas, repetidos o nuevos reclamos y tomas de posición emanados de oradores de fuste.

Un antojadizo e incompleto compendio de frases recogidas hasta ayer al atardecer, en el primer día de sesiones de la Asamblea, da cuenta de muchas razones y argumentos encontrados, pero cuyo antagonismo pareciera atenuarse si las diferencias quedaran reducidas a este máximo foro diplomático. La tribuna imprescindible de la ONU se fortalece y parece ganar sentido cada año desde septiembre y las palabras que allí se vierten suelen invitar a creer en un mundo mejor, más humano y menos desigual. Hasta que la realidad hace trizas lo idealizado y convierte en fútiles los compromisos asumidos.

En esta suerte de catarsis que gobernantes y jefes de Estado hacen ante el mundo hay muchas historias cruzadas. Ayer, el presidente estadounidense, Barack Obama, se lamentó por ejemplo de que en Medio Oriente se acuse a su país “de tener una mano en todo tipo de conspiración” y, al mismo tiempo se le impute “no hacer lo suficiente o mostrar indiferencia ante quienes sufren”. La retórica del exsenador por Illinois sigue tan afilada como selectiva en sus diagnósticos.

Tras requerir una resolución que impida al gobierno de Siria o cualquier otro usar su arsenal químico, Obama extendió una suerte de ramo de olivo hacia su par de Irán, Hassan Rohani, quien usó el mismo atril horas más tarde. El sucesor de Mahmud Ahmadinejad, con tono mucho más moderado, dijo que su país está preparado para negociaciones nucleares bajo ciertas condiciones. “La violencia y el extremismo han ido más allá del ámbito físico, afectando el espiritualismo humano”, dijo Rohani, quien, a pesar de los rumores, no se reunirá con Obama. Por ahora, la cita entre el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, y el canciller iraní, Mohamed Javad Zarif, en las próximas horas, será el contacto de más alto nivel desde 1979 al presente.

El espionaje planetario

Pero más allá de las generales alusiones a Siria o al plan nuclear de Teherán, un tema se instaló ayer con las palabras de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff: el espionaje de Estados Unidos a escala global.

Dilma rechazó como “inadmisible” la injerencia de Washington y la violación de libertades de ciudadanos brasileños bajo el falaz argumento de proteger a las naciones del terrorismo. “Brasil sabe cómo protegerse a sí mismo”, esgrimió la presidenta, para luego agregar: “Somos un país democrático, rodeado de países democráticos, pacíficos y respetuosos del derecho internacional”. La última aclaración no tenía otro destinatario que la Casa Blanca.

Al espionaje, al colonialismo británico en Malvinas y al embargo contra Cuba los condenó de modo específico el presidente de Uruguay, José “Pepe” Mujica, quien también aludió a la historia propia de una vida que lleva 78 años. “Mis errores son hijos de mis tiempos”, sostuvo Mujica con autocrítica, aunque de inmediato matizó que muchas veces añora esa juventud y se pregunta “quién tuviera las fuerzas para abrevar tanta utopía”. “El Pepe” se explayó luego en críticas al mundo consumista y alienado que deja de lado valores esenciales para el ser humano.

Un par de horas antes que su par de Uruguay, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, abogó por el fin de “una confrontación de 50 años” y por “cambiar las balas por votos, armas por argumentos”. En alusión al proceso de paz que su gobierno entabló con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Santos sentenció: “Es hora de las decisiones; si salimos con las manos vacías, condenaremos a nuestro país a muchos años de sangre y dolor”.

Anoche, cuando se concluían estas líneas, comenzaba su alocución la presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner. Además de la prevista alusión a los fondos buitre, la Presidenta defendió una salida política al conflicto sirio, al decir que “no hay guerra justa”, fustigó dobles discursos y mostró expectativa hacia el nuevo gobierno iraní.

Así, con más o menos estridencia o reverberación en el condicionado pero aún insustituible escenario de Naciones Unidas, los líderes dejaron su mensaje. La vigencia o futilidad de ellos está por verse.