Balotaje con apellido para el rompecabezas regional
Un apellido centra el balotaje que aportará otra pieza al rompecabezas regional. La ficha del Perú de los aplaudidos índices macroeconómicos y las profundas desigualdades sociales.
Al presidente interino de Brasil, día de por medio, le brota un escándalo que le tumba un ministro y le agrega una mancha a su opaca investidura sin voto popular. Aunque es prematuro aseverar cuál será su destino final y el de la presidenta Dilma Rousseff, cada escucha divulgada en los últimos días no hizo más que desnudar el perfil golpista de la trama que ha puesto al borde de la destitución a la primera mujer en gobernar desde el Palacio del Planalto.Los reclamos de la Mesa de Unidad Democrática, que controla desde enero la Asamblea Nacional de Venezuela, instalaron el debate sobre la situación en ese país en la Organización de Estados Americanos. El secretario general de la OEA, Luis Almagro, invocó la Carta Democrática Interamericana y puso presión al Gobierno de Nicolás Maduro, pero, un día después, con sorpresivo viraje de la postura argentina incluido, los países le bajaron el tono al excanciller uruguayo. El seguimiento de estas pulseadas políticas e institucionales eclipsó la atención que siempre merece una elección presidencial en Sudamérica, como la que hoy afrontará Perú en atípica segunda vuelta. El balotaje enfrentará a la populista de derecha Keiko Fujimori y al economista ortodoxo Pedro Pablo Kuczynski o "PPK".El hecho de que Keiko casi haya duplicado a su rival en el primer turno no implica una contienda definida. Menos aún cuando miles de peruanos salieron a las calles a utilizar la memoria como antídoto para que el apellido que gobernó el país en los '90 no vuelva a habitar la Casa de Pizarro desde julio.Hasta la izquierdista Verónika Mendoza, tercera en abril, se sumó a los unidos por el espanto, que piden ponerse un broche en la nariz y sufragar por el veterano aliado de banqueros y de recetas neoliberales para frenar a la hija de Alberto Fujimori.La mera portación de apellido no debería ser presunción de conducta alguna en la vida, pero en la política peruana, ser la hija de quien hoy cumple condena de 25 años de prisión sirvió a Keiko para llegar a donde está. También es el lastre en su mochila y su mayor enemigo a vencer. Los crímenes de Barrios Altos y La Cantuta, las esterilizaciones forzosas de más de 200 mil mujeres pobres, el cierre del Congreso, el cruento final de la toma de la embajada, los videos del maquiavélico Vladimiro Montesinos, la huida a Japón y la renuncia por correo están entre los peores íconos del "fujimorismo".Keiko quiso despegarse, aunque no del todo, de aquellos tiempos en los que "el Chino" Fujimori ganaba adeptos con sus acciones contra Sendero Luminoso y el MRTA y su shock antiinflacionario. Por entonces, llegó a oficiar de "primera dama" tras el traumático divorcio de sus padres.Un apellido centra el balotaje que aportará otra pieza al rompecabezas regional. La ficha del Perú de los aplaudidos índices macroeconómicos y las profundas desigualdades sociales. En ese Perú, donde cohabitan el siglo 21 de Miraflores y San Isidro con el siglo XIX de Huancavelica, hoy habrá un festejo de derecha.

