Ataque con misiles a hospitales y escuelas deja 50 muertos en Siria
Condena internacional al bombardeo en Alepo e Idlib. Acusaciones cruzadas sobre los autores del hecho.
Beirut. El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, y diversos gobiernos del mundo, entre ellos el argentino, condenaron ayer los ataques con misiles contra al menos cinco edificios médicos y dos escuelas en Siria, que dejaron un saldo de cerca de 50 muertos, entre ellos varios niños. Por medio de uno de sus portavoces, Farhan Haq, Ban dijo estar "profundamente preocupado" por los informes sobre estos ataques, que calificó como una "descarada violación de las leyes internacionales".Los ataques, según informó en la rueda de prensa diaria el portavoz de la ONU, se produjeron en las provincias de Alepo e Idlib. Haq dijo que la cifra de víctimas procedía de distintas fuentes, incluida Unicef.Aunque la fuente dijo no tener información adicional sobre quién estaba detrás de estos ataques, activistas sirios grupos opositores al presidente Bachar al Assad apuntaron la responsabilidad a la aviación rusa y a fuerzas del gobierno sirio.Según el portavoz de la ONU, estos ataques tienen graves consecuencias para un sistema médico y educativo en Siria, que de por sí viene sufriendo el desgaste por el conflicto bélico que estalló en ese país en 2011.Además, estas acciones "ensombrecen" los resultados de la reunión sobre el proceso de paz en Siria alcanzados el pasado jueves en Múnich. Los bombardeos destruyeron cinco hospitales y clínicas y dos escuelas. Médicos Sin Fronteras (MSF) informó que uno de los centros médicos que financia en ese devastado país fue gravemente dañado. Sin embargo, ni la ONU ni MSF responsabilizaron a alguna de las fuerzas sirias y extranjeras que bombardean la región.El gobierno de Damasco, por su parte, acusó por el hecho a Estados Unidos.MSF destacó que el hospital, que contaba con 54 empleados, 30 camas, dos quirófanos, una clínica ambulatoria y un servicio de urgencias, quedó completamente destruido y dejó sin atención médica a unas 40 mil personas que viven en una zona de conflicto abierto.

