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Acto en Japón desata ira china y surcoreana

La visita del primer ministro a un santuario donde se exalta a algunos criminales de guerra nipones cayó muy mal en Beijing y en Seúl.

27 de diciembre de 2013 a las 12:01 a. m.
Agencias EFE, AP y Télam
Acto en Japón desata ira china y surcoreana
A un año de asumir. Abe, detrás de un monje en el santuario de Yasukuni, donde oró por quienes dieron la vida por Japón (AP).

El primer ministro japonés, Shinzo Abe, visitó ayer, día en que cumplía un año en el poder, el polémico santuario de Yasukuni, en un gesto que fue criticado con dureza por China y Corea del Sur y que contribuye a empeorar el tenso clima diplomático en la región.

Abe, quien también ostentó el cargo entre 2006 y 2007, nunca había acudido como primer ministro a este santuario sintoísta que consagra a millones de japoneses caídos en conflictos armados entre 1853 y 1945 y que tampoco había sido visitado por ningún jefe de gobierno nipón desde que Junichiro Koizumi lo hiciera en el año 2006.

Entre los caídos a los que glorifica Yasukuni se cuentan 14 políticos y oficiales del Ejército Imperial japonés condenados como criminales de clase A por el Tribunal Penal Militar Internacional para el Lejano Oriente por los actos cometidos durante la Segunda Guerra Mundial.

Los gobiernos de China y Corea del Sur, dos países que padecieron el dominio colonial japonés hasta 1945, criticaron la sorpresiva visita de Abe.

El portavoz de la cancillería china, Qin Gang, consideró que la acción del primer ministro nipón “pisotea de manera grosera los sentimientos del pueblo chino y de otros pueblos asiáticos” que padecieron el expansionismo de Japón.

La visita de Abe se da apenas un mes después de que Beijing anunciara la creación de una controvertida zona de identificación de defensa aérea (Adiz), que exige identificación a las aeronaves extranjeras que la atraviesen y enmarca a las islas Senkaku (Diaoyu en chino), controladas por Tokio pero reclamadas por el gigante asiático. La disputa a cuenta de estos islotes deshabitados recrudeció desde que en 2012 el gobierno nipón comprara varios de ellos a un particular japonés.

Pero, ayer, también el gobierno surcoreano calificó de “lamentable” la visita al santuario, “el cual glorifica agresiones coloniales y consagra a criminales de guerra”, según explicó en un comunicado el ministro de Cultura, Yoo Jin-ryong.

Los lazos entre Tokio y Seúl– que también se disputan otro grupo de islotes en el Mar de Japón– no han estado en buena sintonía desde la llegada al poder de Abe, al tiempo que la presidenta surcoreana, Park Geun-hye, se ha mostrado reacia a acoger este año la cumbre trilateral que los tres países celebraron anualmente desde 2008.

Estados Unidos, principal aliado militar de Japón, a través de su embajada en Tokio aseguró sentir “decepción” por un gesto que considera que “agravará las tensiones” con sus vecinos.

Por su parte, Abe defendió su acción y subrayó que su intención “no era herir los sentimientos” de China o Corea del Sur.

"Es un malentendido pensar que esta visita significa venerar a criminales de guerra. No se trata de eso. Simplemente fui al santuario a presentar mis respetos con motivo de mi primer año en el cargo", dijo el premier tras realizar una breve oración en el interior del recinto.

El político conservador aseguró que dedicó un rezo a aquellos que perdieron la vida por Japón, y que con ello quería mostrar que su propósito es que su país “nunca volverá a participar en ninguna guerra”.

El gobernante incluso hizo público un comunicado titulado “Compromiso con la paz eterna” en el que pidió la “comprensión” de todas las partes implicadas. Los más críticos consideran que la visita es definitoria de la política de Abe, cuyos dos mandatos han estado marcados por gestos contradictorios y discutibles hacia sus vecinos.

Nieto del ex primer ministro Nobusuke Kishi, un proimperialista condenado y rehabilitado después por Estados Unidos, Abe es uno de los grandes impulsores de la omisión de las tropelías de Japón en Asia antes y durante la Segunda Guerra Mundial en libros de texto que han pasado por las manos de millones de nipones.

En este mandato se propuso además sacar adelante varias reformas polémicas que ya persiguió en el primero, como la de enmendar la Constitución pacifista nipona para modificar el rol de las Fuerzas de Autodefensa y potenciar sus capacidades ante la pujanza de China.

Desaprobación en varios frentes

Crítica de la UE. La Unión Europea (UE) afirmó ayer que la visita del primer ministro nipón, Shinzo Abe, al polémico templo de Yasukuni no contribuye a reducir tensiones, y urgió a Japón, China y Corea del Sur a fomentar la confianza mutua. La jefa de la diplomacia europea, Catherine Ashton, recalcó en un comunicado que la visita de Abe al santuario de Yasukuni "no conduce a rebajar las tensiones en la región o a mejorar las relaciones con los vecinos, en especial con China y Corea del Sur".

Protesta formal. El viceministro de Exteriores de Corea del Sur, Kim Kyou-hyun, convocó ayer a la segunda autoridad de la Embajada de Japón en Seúl, Takashi Kurai, para trasladarle una protesta formal sobre la polémica visita de Abe, a un santuario donde se honra a criminales de guerra.

Países colonizados. China y Corea del Sur, que fueron colonizados por Japón en la primera mitad del siglo XX, consideran las visitas a Yasukuni por parte de políticos nipones como acciones que reivindican la opresión colonial y el militarismo. Seúl suele emitir fuertes protestas diplomáticas cuando autoridades de Tokio acuden al santuario.

"Malentendido". "Es un malentendido pensar que esta visita significa venerar a criminales de guerra. No se trata de eso. Simplemente fui al santuario a presentar mis respetos con motivo de mi primer año en el cargo", dijo Abe tras orar en el interior del recinto. "He orado por el descanso de aquellos que perdieron su preciosa vida por Japón en la guerra".