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Acostumbrada a los frentes de tormenta

Dilma asume su segundo mandato. Pocos apostaban a ello hace cinco años, cuando Lula la eligió.

31 de diciembre de 2014 a las 12:02 a. m.
Redacción La Voz
Acostumbrada a los frentes de tormenta

L loró hace 20 días, cuando se leyeron las conclusiones de la Comisión de la Verdad que ella misma impulsó para investigar crímenes de la última dictadura de su país, de la que fue víctima. Los informes sobre las torturas aplicadas por el régimen impuesto entre 1964 y 1985 le hicieron revivir quizá los tormentos sufridos en carne propia, cuando por su militancia en grupos guerrilleros que peleaban por otro Brasil en los años de plomo, cayó presa. Esa imagen de joven de rostro duro, con enormes gafas, que la acompañó en sus primeros años de participación en el Partido Democrático de los Trabajadores (el PDT de Leonel Brizola) y en su ingreso a la función pública, en el estado de Rio Grande do Sul, reapareció estampada en remeras, calcos y banderas en la última campaña electoral, coronada con su triunfo en el balotaje del 26 de octubre.Y pensar que cuando Luiz Inácio Lula da Silva la bendijo como su "sucesora" en el Palacio del Planalto, varios meses antes de los comicios de 2010, encaró algunos cambios estéticos aconsejada por asesores de imagen que le pedían desterrar su perfil de mujer de pocas pulgas que tuvo como ministra de Minas y Energía y luego jefa de Gabinete.Las contradicciones afloraron más de una vez en los últimos años de esta jefa de Estado, nacida en un hogar de clase media el 14 de diciembre de 1947 en Belo Horizonte, capital de Minas Gerais. Apariencia y voluntad de hierro Rousseff se las ingenió siempre para recomponerse y hacerse fuerte; como cuando le diagnosticaron en 2009 un cáncer linfático del que se trató con éxito en el mismo hospital que atendió al expresidente paraguayo Fernando Lugo y al propio Lula. Ni las protestas que enmarcaron los meses previos al Mundial de fútbol, ni los abucheos que debió soportar el día de la inauguración de la Copa en el Itaquerao de San Pablo –estado opositor a su gobierno y al Partido de los Trabajadores (PT) que abrazó como propio en 2000–, ni la decepción que pudo derivar en malhumor colectivo provocada por el impensado final deportivo del seleccionado de su país minaron su imagen lo suficiente como para desalojarla del Palacio de la Alvorada, en Brasilia. Claro que en el balotaje el suspenso y la incertidumbre por el resultado se prolongaron hasta el atardecer mismo del día de la segunda vuelta, cuando el Tribunal Supremo Electoral anunció resultados tan apretados como irreversibles.Para lograr su ajustada reelección, Dilma volvió a retomar algunas viejas banderas del PT, que movilizó su estructura, y se apoyó en el carisma intacto de su mentor, Lula, quien se encargó de recordar una a una las conquistas sociales que beneficiaron a millones de brasileños en los últimos 12 años.La oposición, con un fuerte discurso "antipetista" se abroqueló como nunca en el balotaje detrás de la candidatura del senador Aécio Neves, avalado por todos los otros aspirantes presidenciales del primer turno, a excepción de la socialista Luciana Genro. Pero a Neves no le alcanzó con agitar los números del exiguo crecimiento económico de este año (0,14 por ciento), ni la inflación desbordando la pauta fijada del 6,5 por ciento, ni los espasmos de la Bolsa fogoneados por el establishment económico financiero. Tampoco las denuncias de escándalos en Petrobras, que la mandataria reelecta deberá sin dudas esclarecer, aunque ellos no tengan un único dueño ni sean novedad en este país continente.A favor de Rousseff, juega su antecedente de despedir ministros y colaboradores salpicados por el Mensalão, que desde 2006 descabezó al PT y truncó el camino de José Dirceu a la presidencia. Posicionamientos Los dos rivales del balotaje contribuyeron a hacer aparecer esa contienda como reedición de disputas entre izquierda y derecha. Neves cuestionó relaciones de Brasil con socios regionales, entre ellos Argentina y Venezuela, y denunció tanto la llegada de médicos cubanos como las inversiones brasileñas en el puerto habanero de Mariel. Dilma reivindicó las prioridades del Mercosur, la Unasur, la Celac o el Brics. A la luz de los anuncios de una nueva era entre Estados Unidos y Cuba, el ex y acaso futuro canciller Celso Amorim resaltó que las políticas impulsadas hacia Cuba desde tiempos de Lula fueron acertadas. Las posiciones exteriores "de izquierda" que opositores recriminaron a Rousseff no parecieron tener correlato en política interna. Menos aún después de que Dilma calmara a los mercados anticipando que el ortodoxo Joaquim Levy, banquero afecto a recortar el gasto público, reemplazará mañana a Guido Mantega como ministro de Hacienda. Dilma, primera mujer presidenta de Brasil, asume su segundo mandato. Pocos apostaban a ello hace cinco años, cuando esta economista divorciada, madre y abuela, iniciaba su camino de la mano de un sagaz líder pernambucano.

Estarán mañana en Brasilia

Toma de posesión. Los gobernantes de Chile, Michelle Bachelet; Paraguay, Horacio Cartes; Uruguay, José Mujica, y Venezuela, Nicolás Maduro, llegarán a Brasilia poco antes de la ceremonia. El costarricense Luis Guillermo Solís es esperado hoy. Habrá enviados de 70 países y varios vicepresidentes, entre ellos Joe Biden, de Estados Unidos, y el argentino Amado Boudou.