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“Si la tarea atraviesa el alma, se pone el cuerpo”

Pablo Talamoni, abogado y periodista, se dedicó con pasión al periodismo y a la comunicación institucional, pero tuvo una enfermedad coronaria. Cambió de vida. 

20 de noviembre de 2013 a las 12:03 a. m.
“Si la tarea atraviesa el alma, se pone el cuerpo”
Febrero del ‘94. Resultó herido y fue noticia cuando Maradona le disparó con un rifle de aire comprimido.

Cuando Maradona comenzó a disparar con el rifle de aire comprimido en febrero de 1994, estábamos allí pocos periodistas y muy tranquilos. La cobertura sencillamente se debía a que no había razón para su desaparición de la concentración de Newell’s Old Boys. Repentinamente, comenzó a disparar contra algunos fotógrafos y, cuando yo estaba entrevistando a uno de ellos, de espaldas a la quinta, también recibí disparos. En ese momento me convertí en parte de la historia que se vio en televisión cuando, pasadas varias horas, los vecinos comenzaron a colgarse de los árboles y algunos periodistas a subirse a los camiones de exteriores. Fue algo inesperado: un día tranquilo y de sol terminó en una situación de tensión en la que un ídolo se convirtió en una persona descontrolada y agresiva.

Comencé mi carrera como periodista en 1979, a los 21 años, y no tengo grabados con precisión todos los episodios estresantes que he vivido, pero fueron muchos. Comencé haciendo móvil para Radio Rivadavia, de Buenos Aires, atravesando situaciones tensas, como cuando el gobierno militar desa­lojó la plaza de Ubaldini, después de la Guerra de Malvinas; o cuando realicé entrevistas a la asamblea multipartidaria, cuando recién nacía. Viví un momento de oro del periodismo, en el que entré –creo– anticipadamente, porque había fallecido un integrante del equipo de la emisora en la que estaban Faustino García, Casimiro Morras, Aníbal Binasco, Héctor Larrea, Antonio Carrizo, Cacho Fontana. La suma de todas las audiencias del resto de las radios no daba la nuestra. El haber estudiado Derecho me dio un background que luego me sirvió cuando estuve acreditado en el Congreso entre 1983 y 1986, y también durante el Juicio a las Juntas.

Después pasé a Radio América y a América Dos, en lo que fue un proyecto que me gustó mucho. En la radio tuve alguna responsabilidad en el área de redacción. Hicimos mucho esfuerzo para convertirla en una radio de noticias. Tuve la suerte de conocer una raza con la que no tenía tanto contacto, la de los locutores que tenían un estilo más neutro, porque yo iba desde Rivadavia, que tenía un informativo muy fuerte.

Comencé a dedicarme a la comunicación institucional cuando advertí que el periodismo entraría en una etapa difícil, me pareció que tenía que pensar en nuevos desafíos. Fui gerente de Comunicaciones Externa e Internas de una empresa de servicios públicos privatizada y creo que tuvimos resultados extraordinarios. Me fui en 2006.

Ingresé en esas profesiones en dos momentos ejes de cambio. Cuando comencé a dedicarme al periodismo, en 1979, todos mis maestros se habían hecho en la calle, tenían formación en otro campo, eran periodistas porque lo habían aprendido y lo habían mamado en la calle. Nosotros, los de mi generación, éramos los primeros universitarios que venían a aprender de ellos.

Cuando arribé al ámbito de la comunicación institucional estaba sucediendo algo similar. No era suficiente ser periodista: se necesitaba un conocimiento más acabado del manejo de los medios. El ser abogado también me sirvió en este caso, al igual que tener experiencia en varios campos, pero esa etapa también finalizó cuando comenzaron a llegar profesionales formados específicamente para eso y con maestrías en el área.

A mí me resultó todo un desafío y era muy estimulante. Pero cuando me fui, estaba muy estresado.

Si la tarea te atraviesa el alma, si no se logra tomar distancia, se pone el cuerpo. Hay gente que es capaz de trabajar todo el tiempo sin que se resienta su físico, porque en algún momento logra tomar distancia. Pero creo que los periodistas no son suficientemente protegidos. Una vez escuché cómo un funcionario de Defensa Civil explicaba que el protocolo del manejo de las emergencias incluía asistir a quienes participan de los operativos, contenerlos. El periodista que cubre un episodio así, que lo relata, nunca es incluido. Y tiene que mantenerse incólume, inexpresivo, a pesar de la angustia y el estrés.

Dos años después de dejar la empresa tuve problemas coronarios. Me di cuenta de que había pagado el costo cuando no pude dejar el cigarrillo. Había fumado durante años, en una época en la que no había tanta información sobre el daño que produce. Tuve que hacer dieta para bajar el colesterol y después me operaron y me colocaron un stent.

Pero me reciclé. Me pensé haciendo cosas desde otro lugar y me dio resultado.

Tras dejar el cigarrillo y 30 años después, volví a cantar. La música me gusta desde que era chico, desde que iba a la escuela primaria, y seguí dedicándome a ella entre materia y materia de Derecho. Hoy siento que el coro me da mucha energía y produce sanación, al igual que estar con los jóvenes. Integro el grupo vocal Kantay, con el cual grabamos un CD. También trabajo en gestión cultural en la Biblioteca del Congreso y doy clases en la Universidad de la Matanza. Un grupo de alumnos obtuvo un premio de la OEA y fue un enorme orgullo.

Perfil

Pablo Talamoni tiene 55 años, integra el grupo vocal Kantay, da clases de periodismo y trabaja en gestión cultural.