Temas del día:

“Nunca bajamos los brazos”

Perseverancia. A Claudia Gamen le diagnosticaron “falla ovárica precoz” a los 35 años. Luchó una década por ser madre. Quedó embarazada luego de la sanción de la ley de fertilización asistida.

16 de enero de 2015 a las 12:01 a. m.
“Nunca bajamos los brazos”
En familia. Claudia y Pedro están felices con su hija María Emilia (Javier Cortez/LaVoz).

Hace 10 años que estamos juntos con Pedro, hoy mi marido. Al poco tiempo de comenzar la relación, cuando yo tenía 35 años, decidimos tener un hijo. Es lo que más queríamos, formar nuestra familia. En ese momento dejé la medicación que tomaba por la migraña y me hicieron análisis para ver si estaba todo en orden. Entonces recibí una noticia que tuvo consecuencias durante más de una década: me diagnosticaron "falla ovárica precoz" (también conocida como menopausia prematura). Cuando me enteré de lo que tenía, lloré durante no sé cuánto tiempo. Fue un golpe muy duro. En esos momentos uno piensa de todo, hasta llegué a decirle a Pedro si quería buscar otra persona como pareja con la cual tener hijos. La única opción que me dieron los médicos era la ovodonación, es decir, usar un óvulo de otra mujer. Había esperanzas. Seguimos adelante con nuestro deseo y con nuestras ilusiones. Fuimos a una clínica de fertilización asistida y recibimos otro golpe: nos dijeron el monto de lo que salía el tratamiento y se nos terminó de caer el mundo. Era inaccesible para nosotros, imposible. En ese momento yo ni siquiera tenía obra social y tampoco existía la ley que hoy las obliga a cubrir los tratamientos de fertilización asistida. Eran precios exorbitantes, totalmente inalcanzables para una persona común.Pero nunca bajamos los brazos y seguimos buscando opciones. Hace cinco años nos inscribimos en el Registro Único de Adopciones de Córdoba con el objetivo de adoptar a un niño. Muchas veces pensé que no iba a ser madre. No nos llamaban para la adopción y no lográbamos juntar el dinero para el tratamiento. Nos vamos a quedar los dos solitos, pero juntos, no te hagas problemas, me consolaba Pedro.En 2013, se prendió una lucecita, chiquita. Fui a una médica y me dio un reemplazo hormonal. Hicimos todo un año de tratamiento. Sin embargo, los resultados no fueron positivos. No nos quedaban muchas opciones más que ahorrar y tratar de conseguir el dinero que implicaba la ovodonación. Estaba desesperada por tener un hijo porque los tiempos nos corrían; no me quedaban muchos años de fertilidad. Con mis compañeros de trabajo, familia y amigos, comenzamos a hacer eventos, como locros, para llegar al monto del tratamiento. Entonces sentí y viví lo que es la solidaridad infinita de las personas que te rodean. Toda mi vida voy a estar agradecida.Pero la inflación nos jugó una mala pasada. Cuando conseguíamos reunir el monto del tratamiento, íbamos a la clínica y los precios habían aumentado tanto que no alcanzaba. Toda la medicación es importada, en dólares, y los pesos juntados con tanto esfuerzo iban perdiendo valor. Sentimos que no íbamos a llegar nunca. Hasta que en 2013 se prendió finalmente otra lucecita, pero esta vez más fuerte y poderosa. En junio de ese año se sancionó la ley 26.862 que obligó a las prepagas y obras sociales a cubrir los tratamientos de fertilización asistida. Para ese momento, por suerte, ya tenía obra social. No podíamos perder mucho tiempo: yo ya tenía 44 años. Fuimos a la ginecóloga e inmediatamente nos mandó a hacer todos los estudios. Por suerte teníamos el dinero que habíamos juntado con tanto esfuerzo colectivo, porque una parte de los gastos lo teníamos que cubrir nosotros. Al poco tiempo me llamaron desde la clínica para avisarme que ya había una donante. No iba a ser fácil: teníamos una sola chance ya que de los dos óvulos recibidos sólo uno era apto. En general, las mujeres atraviesan varias fertilizaciones hasta lograr el embarazo.Me hicieron la fertilización y estuve una semana en reposo, y luego de otra semana hicimos los análisis. Cuando recibí la noticia que estaba embarazada estaba trabajando. Me sentí tan feliz, tan feliz. Lo llamé a mi esposo, no lo podíamos creer. Es una felicidad tan plena como inexplicable. Después de tanto tiempo, tantos tests que nunca daban positivo… Y vino otra etapa, la del embarazo, que no fue fácil. Estuve en reposo mucho tiempo porque me subía la presión. Cuando ya estaba llegando a los ocho meses dejé de sentir el movimiento del bebé. Fue de terror. La bebé tenía tres vueltas de cordón y los médicos decidieron adelantar el parto, un mes y medio antes de lo esperado. Y entonces llegó María Emilia, tras 34 semanas de embarazo. Fue el 28 de octubre, pesaba apenas 1,4 kilo. Cuando nació estaba moradita, con bajo peso y dificultad respiratoria. Hoy pesa 3,4 kilos. La felicidad es tan grande, después de haberla buscado tanto, tanto, que no se puede explicar.

Perfil

Claudia y Pedro fueron padres el 28 de octubre del año pasado. María Emilia, su bebé, nació luego de ser buscada durante 10 años. Pudieron acceder a los costosos tratamientos de fertilización asistida gracias a la ley que obligó a las obras sociales y a las prepagas a cubrir los gastos. No les quedaba mucho tiempo: ella tiene 45 años y él, 49. "Es una felicidad tan plena como inexplicable", cuenta Claudia.Producción Periodística: Laura Leonelli Morey