Espíritu a toda prueba
Osteogénesis imperfecta. Carlos Montagner, cerrajero, de niño tuvo múltiples fracturas. Comenzó a caminar a los 16 y tuvo una vida sin limitaciones, pero a los 30 empezó a tener problemas en el fémur. Se operó y se motivó para seguir.
Hay una película protagonizada por Bruce Willis y Samuel Jackson que se llama El protegido y que está relacionada con lo que tengo, pero, curiosamente, nunca la pude terminar de ver. El personaje de Jackson le dice al de Willis: “Tengo osteogénesis imperfecta y tuve más de 100 quebraduras”.
Eso es lo que tengo yo: osteogénesis imperfecta. Ya cuando nací tenía quebraduras en los brazos y las piernas. Me daban 15 días de vida, decían que estaba en manos de Dios. Los médicos le habían dicho a mis padres que sólo ellos tenían que alzarme, no podía ser un bebé de esos que pasan de brazo en brazo. Inclusive, cuando me pesaban en el consultorio del pediatra tenía que subirme a la balanza mi madre, no podía hacerlo otra persona. Otra referente famosa nuestra es Claudia Pirán.
Tanto mi madre como mi hermano y yo somos de Rosario, mi padre era de Villa María y cuando nací empezaron a atenderme en un sanatorio especializado en traumatología. En una de esas clínicas contaron me tomaron registros para describir mi caso.
Vine a Córdoba a los 7 años y de niño tuve muchas fracturas. Me dijeron que no iba a poder caminar hasta el desarrollo. Y así fue, a los 16 años. Me hicieron un chequeo general y el médico me dijo que ya estaba apto para hacer rehabilitación, fortalecer los músculos y aprender. Cuando empecé a caminar, también empecé a bailar, iba a unas fiestas bárbaras. Hice una en mi casa, en la terraza, el dueño de la empresa en la que trabajaba me regaló el helado y, como era una fábrica de muebles, también me prestó todas las sillas que me hacían falta.
Yo pertenecía a un grupo juvenil de la Iglesia. El sacerdote le dijo a mi madre que me llevara y ella tenía miedo de que no me pudiera integrar. Me llené de amigos.
Aunque después de los 16 años, es decir, cuando me dijeron que iba a terminar el desarrollo, no me quebré por muchos años. Pero a los 30 empecé a tener problemas con el fémur, fracturas reiteradas, hasta que me tuvieron que operar y colocarme plaquetas con tornillos. Estuve tres meses sin pisar, después hice rehabilitación y quedé de diez, sólo que no tengo que agacharme o ponerme en cuclillas completamente. Pero con mi trabajo no es necesario (soy cerrajero), salvo que tenga que poner un cerrojo en la parte de debajo de una puerta, algo muy infrecuente.
No hice el secundario, pero sí terminé la primaria. Y no hice el secundario porque apenas terminé la primaria entré a trabajar a una empresa que quedaba cerca de mi casa. El dueño me preguntó si no quería hacer un curso de dactilografía y comencé a escribir a máquina, terminé haciendo tareas de supervisor.
Cuando la empresa en la que trabajaba cerró, un japonés me enseñó a hacer artesanías en caña, iba a mi casa en remise con las cañas y hacía las artesanías en mi casa. Luego me dediqué a vender polietileno. Me dijeron: “No vas a durar 30 días”, porque hay que vender por kilo y llegué a vender 30 kilos por día. Al final, ya tenía reparto, tenía dividido mi campo por zonas. Pero cuando pasó el 1 a 1 y empecé a tener problemas de cobro, lo dejé, no me gusta renegar con los clientes.
Nunca usé muletas. De chico, me movía en triciclo y ahora, para las distancias cortas, en una tricimoto, una moto que adapté con un amigo. Para los tramos largos me manejo en auto, lo tengo adaptado y tengo todos los permisos para andar sin necesidad de acompañante en todo el país.
Si hay algo que me llama la atención es que hay personas que ante un cambio de tiempo sienten dolores en los lugares en los que sufrieron quebraduras. Yo no tengo ningún problema. A mí me suena el celular y me levanto de una, sin ninguna preparación previa. A mí no me duele nada.
La última operación de fémur fue hace tres años. Me quebré en julio y en febrero ya estaba en cancha (soy hincha de Instituto). Tuve 40 sesiones de fisioterapia en mi casa, en pleno invierno y terminaba agotado, pero seguí todas las indicaciones del médico. Cuando salí de la operación le dije al médico: “Doctor, tres meses sin pisar, ¿no?”. “Sí, tres meses sin pisar”, me dijo. Yo soy respetuoso del médico, pero a la vez me prometí: “Tengo que llegar a la segunda rueda, y llegué a la segunda rueda”.
Yo paso por el quirófano sin problemas. Cuando me operaron de vesícula, para mí fue un trámite.
Perfil
Carlos Montagner tiene 49 años. Es rosarino, pero vive en Córdoba desde los 7 años. Es cerrajero, pero anteriormente fue vendedor, productor y comercializador de artesanías y empleado administrativo de una fábrica de muebles.

