¿Cómo se adquiere la nacionalidad francesa?
La nacionalidad francesa se atribuye por filiación (ius sanguinis). Si al menos uno de los padres es francés, el niño lo será también. Para los que nacen en Francia, y en el caso de que ambos padres sean extranjeros, la nacionalidad se adquiere de forma automática a los 18 años con la condición de que en ese momento la persona resida en este país o haya vivido aquí desde los 11 años y por un período de al menos cinco. Para evitar que las personas queden apátridas, son franceses por el sólo hecho de nacer en suelo francés los niños de padres desconocidos, sin nacionalidad o cuya nacionalidad extranjera no es transmisible. Es este el caso de los países regidos por el islam, en los que la nacionalidad no se transmite a hijos adoptivos o nacidos por fuera del matrimonio, y el de los países donde se aplica exclusivamente el derecho de suelo (ius solis).
La nacionalidad francesa también puede adquirirse por matrimonio, según ciertas condiciones, como haber estado casado por al menos cuatro años y tener conocimiento suficiente del idioma francés. También por naturalización para quienes hayan vivido al menos cinco años en el país y en un domicilio estable. Existen además nuevas condiciones, más estrictas, establecidas hace un mes y que exigen, por ejemplo, el conocimiento de la historia y de la cultura francesas y la adhesión a los valores republicanos.
Francia y el islamismo, una relación conflictiva
El islam es tratado como una religión extranjera. El presidente prioriza la identidad cristiana de Francia y, al mismo tiempo, el laicismo como base de la identidad nacional. Juega a la vez la carta católica y la carta republicana. Hay un contexto internacional, en particular a partir del 11 de septiembre de 2001, pero también un contexto nacional. Oponerse al islam y plantearlo como un problema, al igual que a la inmigración, es jugar con la historia colonial. Durante la guerra de Argelia se diferenciaba a los europeos de los musulmanes.
Hoy, estigmatizar el islam (por ejemplo con el debate sobre el uso del velo islámico), profundiza esa supuesta brecha entre franceses de pura cepa y franceses de origen extranjero (los argelinos) y remite hacia ese pasado colonial. En resumen, la fobia actual al islam reaviva las brasas de una historia todavía viva. De hecho, la inmigración poscolonial que viene de las antiguas colonias francesas es a veces denunciada por la derecha como una colonización al revés.

