Estreno. Así fue el debut de Es mi sueño, el nuevo programa de Guido Kaczka, con La Mona Jiménez como jurado

Con una puesta en escena imponente y un jurado de lujo que tuvo a Jiménez como el gran protagonista, estrenó Es mi sueño. Historias de vida, una niña que emocionó hasta las lágrimas y el debut de una palanca que define destinos.

09 de marzo de 2026 a las 10:54 p. m.
Así fue el debut de Es mi sueño, el nuevo programa de Guido Kaczka, con La Mona Jiménez como jurado
Carlos "la Mona" Jiménez se fundió en un abrazo con Guido Kaczka al entrar al estudio de "Es mi sueño".

Apenas unos minutos después de las 21:15, la pantalla de El Trece se encendió con una energía distinta. Las luces blancas y anaranjadas danzaban en un estudio que nada tiene que envidiarle a las grandes producciones internacionales.

En ese contexto, Guido Kaczka hizo su entrada triunfal. Bajando las escaleras con la soltura de una vedette y una sonrisa de oreja a oreja, el conductor dio inicio a Es mi sueño, la gran apuesta del canal para este 2026.

El formato es ambicioso pero claro: de cientos de aspirantes, solo ocho llegarán a la gran final en el emblemático Teatro Ópera. Allí, uno solo se alzará con el reconocimiento máximo y un premio de 100 millones de pesos. "Los ocho ya son ganadores", sentenció Guido, "pero uno lo ganará todo".

Un jurado de estelas y mitos

La presentación de los jueces marcó el pulso de lo que vendría. Abel Pintos, responsable además de la cortina musical del ciclo, confesó estar nervioso a pesar de sus años de trayectoria y sus 31 funciones en el Ópera. "Sentí la responsabilidad de abrir la puerta a ocho personas a ese lugar mágico que para mí es como mi casa", expresó conmovido.

Sin embargo, el estudio estalló cuando Guido presentó a "El Mito". Carlos "La Mona" Jiménez, la "cordobesidad hecha hombre", ingresó derrochando esa alegría de vivir que lo caracteriza.

Entre abrazos y pasos de cuarteto que obligaron al mismísimo conductor a bailar, el Mandamás se mostró humilde. "No somos verdugos, no estén nerviosos como estoy yo. Este es el sueño de todos", lanzó, recordando sus inicios y aquel histórico show de 125 mil personas en el Obelisco.

El panel se completó con una sensible Jimena Barón, que confesó haber aceptado el proyecto a pesar de su "postparto sensible", y un Joaquín Levinton fiel a su estilo disruptivo: "Escuché la palabra 'trabajar' y casi doy media vuelta", bromeó el líder de Turf.

El veredicto de la palanca: del urbano al "Dandy" de la rosa

La dinámica del programa gira en torno a una palanca. Tres verdes habilitan el paso a la siguiente ronda; menos de eso, es el final del camino.

La primera en probar suerte fue Sabrina, quien con una versión de Nathy Peluso no logró convencer al jurado, llevándose solo el verde de Abel. Aquí, La Mona estrenó su faceta de evaluador: respetuoso, empático y, sobre todo, justo.

La emoción subió de tono con Brian Busto, de Fuerte Apache. Fanático confeso de Jiménez, Brian cantó salsa pero aclaró su amor por el cuarteto. El Mandamás, orgulloso, no solo le dio su verde, sino que sentenció: "Tu nuez se soltó, largaste toda la energía de tu alma".

El momento cúspide llegó cuando ambos terminaron cantando a dúo Muchacho de barrio, regalando la primera gran postal de la noche.

Luego pasó Carmen, la TikToker que le debe su carrera digital a las canciones de Abel. Con Como yo te he amado, logró los tres verdes necesarios. Jiménez, actuando casi como un "abuelo" del programa por su ternura, destacó cómo la joven se soltó y cantó con el corazón.

Pero si de galantería se trata, Rubén de la Cruz se llevó todos los aplausos. El expanadero de 65 años, que empezó a cantar a los 48 para celebrar sus bodas de plata, dio una cátedra de interpretación con Te quiero, te quiero de Nino Bravo.

"Es la onda de Sandro", gritó La Mona, mientras Rubén bajaba del escenario para regalarle una rosa a Jimena. Con un 4/4 perfecto (Levinton finalmente aprendió a usar la palanca), Rubén ya tiene un pie en el Ópera.

Margarita: El agua fresca de la noche

El momento más emotivo de la velada tuvo nombre propio: Margarita. Con solo 10 años, vestida de blanco y con un poncho al hombro, la pequeña se paró en un escenario que le quedaba gigante (de tamaño, nada más, porque si es por su talento, le quedaba chico). "No somos verdugos", la tranquilizó Jiménez con dulzura antes de que ella entonara A Don Ata.

La reacción fue unánime: ovación de pie. La Mona bajó al escenario para improvisar un malambo junto a Levinton y la niña, en un gesto que traspasó la pantalla.

"Me hiciste acordar a Mercedes Sosa cuando era jovencita en Cosquín", le dijo el ídolo cordobés con los ojos brillantes. Margarita, por supuesto, consiguió su pase directo a la final.

El cierre y la desilusión de la "boy band"

No todo fue color de rosa. Morena Bravo, con una versión de Adele, no logró los verdes suficientes a pesar del apoyo de Abel y La Mona.

El cierre estuvo a cargo de Boy Band, un grupo con estética k-pop y aires de los 90. Aunque a Jiménez le gustó por su recuerdo de Menudo, el resto del jurado fue implacable con la armonía.

"Van a ser número uno el año que viene, acuérdense lo que les digo", vaticinó el Mandamás, disintiendo con sus compañeros.

La noche cerró por todo lo alto con Abel interpretando en vivo la canción oficial del programa.

Es mi sueño arrancó con la fuerza de un éxito asegurado, sostenido por la conducción eléctrica de Kaczka y un Carlos Jiménez que demostró que su carisma no tiene fronteras provinciales. Córdoba estuvo presente en cada devolución, en cada abrazo y en esa chispa única que solo el "Mandamás" sabe llevar a la televisión nacional.