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Entrevista. Miguel Zavaleta, de Suéter, sobre su aporte al rock & pop argentino: Busco la belleza, no el shock

El músico interpretará sus grandes páginas en Córdoba. Por qué no se siente reserva moral de nada y por qué cree que hay marcianos entre la gente.

12 de agosto de 2025 a las 03:05 p. m.
Miguel Zavaleta, de Suéter, sobre su aporte al rock & pop argentino: Busco la belleza, no el shock
Miguel Zavaleta, chispeante como de costumbre. (Prensa MZ)

Miguel Zavaleta, líder de Suéter, es un compositor exquisito de canciones pop que arañaron la gloria para luego quedarse en ese limbo de la memoria emotiva en el que sólo hay lugar para la belleza. Basta poner una simple sucesión de títulos para mensurar la inmensidad de su aporte: Vía México, Amanece en la ruta, Él anda diciendo, Extraño ser

Hablamos de composiciones con melodías reconocibles resultantes de una elaboración sofisticada; que intentaron abordar al amor o su pérdida desde una óptica profunda; que utilizaron el misterio en baladas surreales para agitar la polivalencia…

En fin, las mismas canciones que Zavaleta interpretará al piano este sábado en Medio Tono Club de Música (Rosario de Santa Fe 414); y las mismas que puso en valor en La reserva moral de Occidente, un grandes éxitos reinterpretados con invitados congéneres y otros más jóvenes, en ambos casos afines.

“No me percibo como una reserva moral de Occidente”, aclara el músico en contacto con La Voz.

“Era una frase que usaban los personajes más siniestros de este país, y me pareció que era una contradicción tan increíble como hermosa. Es increíble el hecho de que un montón de cretinos se autotitule (sic) así”, añade.

–Pero si ellos son dignos de enunciarla la frase o de autopercibirse así, vos tranquilamente podrías hacerlo, teniendo en cuenta tu aporte a la música nacional.

–De cualquier manera, jamás me sentiría una reserva moral. Sólo un idiota habla de sí mismo en esos términos. O como dicen ahora, “argentinos de bien”. Todo el que habla bien de sí mismo, o el que por ahí te dice “¿Sabés lo que pasa conmigo? Soy una buena persona”, salí rajando porque seguramente te va a hacer algún daño.

–Igual insisto en empujarte al narcisismo. ¿Cuál crees que es tu contribución al rock & pop argentino o a la música popular argentina en general?

–Siento que sigo líneas del rock que buscan la belleza, no el shock. Mi único aporte sería el haber intentado encontrar belleza musical que hable por sí misma. No belleza musical liviana, que sea algo simplemente dirigido a que guste y sea consumido. Quise legar canciones de las que mi hija se enorgullezca. Cuando le hablás de música a la gente lo primero que te dice es “¿cuánto vende?” Ante ese mundo, mi intento sigue siendo el mismo, ¿no? Me parece deprimente que la música no busque ser bella, que es la única razón de su existencia. El sonido es mágico, pero si lo utilizás para conseguir que un estribillo sea repetido por un montón de gente… Si el arte no está para dar belleza, entonces qué.

–¿Cuál fue el criterio para seleccionar los colaboradores de la relectura que plantea “La reserva moral de occidente”?

–Algunos son amigos míos y siempre me la pasé bien con ellos, además de que me gustaba lo que hacían. Uno era desconocido para mí, que me cayó muy bien: es este muchacho (Julián) Kartun. Me dijeron “Llamá a alguien que sea joven, que no conozcas”. Bueno, vi un video de Kartun donde tiene el pelo largo y un flequillito que me hizo mucha gracia. Entonces dije “llamemos al del flequillito” sin saber que era famoso. Y llegó al estudio antes que nosotros, súper profesional, pero sin el flequillito. “¡Y el flequillito!”, le pregunté. Nos reímos… Profesionaismo y buena onda, eso. También estuvo Nahuel Pennisi, a quien veo como un ángel de la música.

–Desarrolle, por favor.

–Uno de los pocos personajes que siento que está ligado a la música, que realmente es un artista. Compartir con Nahuel fue una experiencia formidable. Un ángel nacido para exhalar sonidos hermosos. Canta hermoso, toca sensacional… No sé cómo compone.

–¿No habías escuchado su propia música?

–Ese es mi problema: hago mucha música (compongo o reinterpreto partituras de otros) y escucho casi nada del resto. Las excepciones están en lo que me muestra mi hija.

Miguel Zavaleta y su admiración por Rubén Rada

En la continuidad de la charla, Zavaleta retoma la cuestión de los invitados a su disco de reversiones y se le revela el nombre de Rubén Rada. “Lo admiro. Siempre lo admiré. Sobre todo como cantante, pese a que no se dedicó tanto a serlo. Se dedicó a sobrevivir. Hizo un disco para chicos, otros más comerciales…”

“Pero me quedé pegado con un show suyo del ’76, cuando yo tenía 20 años y él tocaba con un par de monstruos. ¿Había cinco personas de público? Bueno, yo era uno de ellos. Me senté a dos metros delante de él porque quería ver cómo cantaba un cantante que perteneciente a una cultura diferente. Rubén es un cantante negro, ellos recibieron el regalo de ese paladar que los hace sonar de esa manera… Y encima recibieron el regalo de la musicalidad que tiene”, amplía.

Y luego remata: “Los negros que tienen facilidad para la música son increíbles. Y Rada es uno de ellos. Imaginate que compone sin tocar ningún instrumento afinado, toca solo tambores, cueros. Hay que tener mucho talento para imaginarse esas melodías sin un acompañamiento. No sé cómo hizo”.

“Después están mis queridos amigos Dani Melingo (a quien conozco desde mis 20 años), Hilda (Lizarazu, mi primera pareja), Marcelito Moura y Aleto Álvarez, que es hijo de Jorgito Álvarez y que parece que le va bastante bien con Barco. Y está Leo García, uno de los pocos que en los ’90 apostó por la belleza y no cantó como el Doctor Neurus. Tiene onda, es divertido. Y me hizo gracia por cómo te engañan las fotos. Yo pensé que era petizo”, completa.

–¿Te pasó a vos eso de tener que sobrevivir? ¿Te considerás un heroico sobreviviente en ese caso? Te lo pregunto así porque está instalada la idea de los ‘80 fueron un delirio y el que sobrevivió a eso es porque tuvo un corazón y un cuerpo de hierro.

–En los ’80, apenas hicimos un granizado con lo que cayó del cielo. Fue en los ‘90 en los que se produjo un tsunami de cocaína, de música espantosa y de gente que creyó que el rock era un enano vestido de campera negra y que te hacía los cuernitos. Para mi gusto, las bandas de los ‘90 fueron horribles. Eso sí, seguidas por miles y miles de personas a las que no creo que les haya gustado la música sino que estuvieron ahí como si estuvieran en la cancha. En los ’80 viví como algo realmente mágico. Y fue así hasta el ’87, cuando el rock ya empezó a ser asquerosamente popular y a deformarse por completo. En el ‘86, después el Mundial, ya empezaron todos a cantar en maza como Paolo, El Rockero o peor. Muy deprimente.

–¿Entonces?

–En los ‘80 hacíamos la nuestra y nos divertíamos, sin que existiera todavía ese baño de merca que explotó en la Argentina. Por mi parte, como no tomaba alcohol, no tuve ningún problema. El otro problema, el verdadero problema por el cual habría que sobrevivir, era la plata. Sin plata, te morís de hambre. Entonces, para conseguirla tenés que hacer cosas que en otra situación no harías. Por mi parte tuve suerte, porque mi familia me dejó un dinero con el cual viví casi 40 años. O sea, trabajando muy poquitito y sin preocuparme. Me dediqué más que nada a estudiar y a vivir. Ahora, medio que se me acabó y sí, ¡tendré que sobrevivir!

Al igual que Fabio Zerpa y que el actor Carlos Perciavalle, Miguel Zavaleta cree que hay marcianos entre la gente. Lo sostuvo desde siempre con firmeza en plan informal y lo expandió por una emisión de streaming titulada Zavaleta Paranormales.

“Carlos Perciavalle haber estado con extraterrestres, ha ido mucho más de lo que he planteado”, dice al ser consultado al respecto.

“Al 100% nunca estuve, al menos que yo me haya dado cuenta –señala-. No me sorprendería encontrarme con la confirmación de que hay 80 especies extraterrestres que rebotan por este planeta. Con la tecnología que tienen, pueden pasar invisibles ante nuestros ojos. Inclusive, algunos pueden imitar la forma humana y probablemente deambulen entre nosotros. Otros tantos, es probable que hayan desarrollado una vida en sociedad. Comparto todo con Perciavalle, claro”.

“Solo vi un dron extraterrestre a un kilómetro –confiesa-. Es ridículo aquel que ponga en duda los testimonios de los dos mil testigos por día que hay de avistamientos. Nuestro sistema legal ha matado gente un testimonio de ese tipo. Yo conocí a uno que ha sido llevado adentro de naves y que le han hecho cosas parecidas a las que todo el mundo declara: análisis, sobre todo. Negar eso es de mono. Lo peor es que quienes lo niegan siempre lo hacen poniendo los ojitos como los pone el paparulo que ahora es nuestro presidente. Por lo general, la escéptica es la gente más tonta que conocí”.

–¿Sí?

–Tienen un mínimo de inteligencia, pero la manifiestan desde una tonta superioridad. Dudar de miles de personas no es lo mismo que hacerlo de dos o tres. Es gente bruta. Es una manera de ser bruto… O de haber sido mal educado. Gente preparada para ser nazi o gorila. Bueno, gorila es la variante nazi argentina.