Tenía 54 años. Murió Daniel Buira, el primer baterista de Los Piojos: investigan las causas del deceso
El artista de 54 años falleció esta madrugada tras sufrir una descompensación en su escuela de percusión, La Chilinga. Los detalles que se conocen hasta el momento.
Daniel Buira, músico de gran trayectoria y baterista fundador de la banda de rock Los Piojos, murió durante la madrugada de este sábado 21 de marzo. El artista tenía 54 años y se encontraba en la sede de su escuela de percusión, denominada La Chilinga, al momento de su deceso.
El hecho ocurrió aproximadamente a las 4 de la mañana en el establecimiento ubicado en la calle Ingeniero Marconi 183, en la localidad de Ciudad Jardín. Según informaron fuentes policiales al portal Infobae, Buira se encontraba en un patio interno del lugar cuando comenzó a manifestar dificultades físicas.
El pedido de auxilio
En sus últimos momentos, el músico alertó a las personas cercanas manifestando que no podía respirar. Según precisaron las fuentes policiales un vecino identificado como Hernán se acercó rápidamente para intentar asistirlo, pero el cuadro de salud del baterista empeoró en pocos minutos.
De acuerdo con el testimonio del vecino, Buira sufrió una descompensación severa y perdió el conocimiento poco antes de fallecer. El lugar donde se produjo el deceso es la misma institución educativa y artística que el músico había fundado en el año 1995.
Vale destacar que Daniel Buira padecía asma, una condición médica previa que podría estar vinculada con su dificultad respiratoria inicial. Sin embargo, las autoridades judiciales iniciaron los protocolos correspondientes para esclarecer los motivos exactos del fallecimiento.
Intervención de la Justicia
Según detalla Infobae, la causa fue caratulada preventivamente como "averiguación de causales de muerte" y se encuentra bajo la órbita de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) número 8 de Morón. Los investigadores buscan descartar cualquier tipo de intervención de terceras personas.
Como parte de las medidas de seguridad, la Justicia solicitó el relevamiento de las cámaras de seguridad de la zona. Fuentes del caso aclararon que el establecimiento no cuenta con dispositivos de grabación internos, por lo que se analizarán las imágenes del exterior.
El personal policial y los peritos trabajaron en el lugar durante la mañana para recolectar pruebas que aporten claridad al expediente judicial. Hasta el momento, el historial médico del músico es una de las principales líneas que evalúan los peritos encargados del caso.
Un legado en la percusión
Daniel Buira fue una pieza fundamental en los inicios de Los Piojos, participando en la grabación de los discos más emblemáticos que consolidaron a la banda en la escena del rock nacional. Su estilo de percusión marcó una impronta distintiva en el sonido del grupo.
Posteriormente, volcó su pasión por el ritmo en La Chilinga, un proyecto educativo que se convirtió en una referencia ineludible para la percusión en Argentina. Desde mediados de la década del 90, el artista formó a numerosos músicos en su sede de Tres de Febrero.
Recuperamos fragmentos de su última entrevita con La Voz del Interior, donde el baterista y percusionista reflexionó sobre su huella imborrable en el rock nacional y su incansable labor social.
Fundador de Los Piojos y creador de la escuela de percusión La Chilinga, Buira fue el motor rítmico que supo amalgamar la pulsión del rock con la esencia del candombe rioplatense, dejando un legado que trasciende los escenarios para instalarse en el corazón de los barrios.
Sobre los inicios de su carrera, Buira recordaba con precisión el nacimiento de un fenómeno que marcaría a toda una generación. Rememoraba cómo, tras conocer a Piti Fernández en la secundaria, la banda comenzó a gestarse entre fiestas escolares y los primeros ensayos, hasta consolidarse con la entrada de Andrés Ciro Martínez en 1989

Para él, los discos fundamentales de los años 90 no eran solo música, sino una respuesta a su tiempo: “Esos discos son Los Piojos... Representan una forma de vida, de juventud. Un momento social en el que era impensable conseguir un respaldo de tanta magnitud. Si Los Piojos nacieran hoy, no sé si tendrían el éxito que tuvieron porque fueron una respuesta a una necesidad de esa época”.
Su búsqueda artística dio un giro fundamental tras un viaje a Francia en 1991, donde descubrió que "había que tocar tambores para entender la batería", una revelación que lo llevó a integrar el candombe y el folklore en el ADN de Los Piojos.
Esta necesidad de expresión rítmica fue el germen de La Chilinga, nacida en 1995 durante las grabaciones de Ay ay ay.
Buira explicaba que el éxito Verano del '92 nació justamente de ese contexto creativo, buscando un sonido puramente rioplatense
Con La Chilinga, su objetivo fue democratizar el arte: “Nace esta escuela de percusión con el objetivo de que todo el mundo pueda tocar un tambor... El propósito era rescatar el ritmo por detrás de nuestro caminar, nuestro hablar, de nuestro sentir”.
Finalmente, Buira siempre defendió la música como una herramienta de transformación y militancia social. Para él, la dimensión pedagógica de sus proyectos residía en la integración y el sentido de pertenencia, trabajando en conjunto con organismos de derechos humanos como Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, y apoyando siempre a la educación y salud pública.
Hasta sus últimos años, mantuvo la convicción de que el arte debía ser un espacio colectivo y solidario: “La salida está en los proyectos colectivos. Por medio del arte popular y el tambor se genera una armonía que vuelve más lindas a las personas y valioso al proyecto que la contiene”.