Tristeza en la cultura. Murió Beatriz Matar, figura emblemática de Teatro Abierto y maestra de generaciones de actores
La prestigiosa actriz, directora y dramaturga falleció a los 84 años en Buenos Aires, dejando un vacío inmenso en las artes escénicas. Fue una de las mentes brillantes del teatro de resistencia durante la dictadura y ganadora del Cóndor de Plata.
A través de un comunicado oficial de la Asociación Argentina de Actores y Actrices, se confirmó la muerte de Beatriz Matar. La emblemática artista, directora y formadora de intérpretes falleció el pasado 5 de junio de 2026 en Buenos Aires, a los 84 años, aunque su partida física se mantuvo en la intimidad familiar durante los últimos cuatro días. Con ella se va una de las miradas más comprometidas, agudas y éticas de la cultura nacional.
Nacida el 22 de diciembre de 1941, Matar se formó en la prestigiosa Escuela Nacional de Arte Dramático, donde absorbió los saberes de maestros de la talla de Augusto Fernandes y Juan Carlos Gené, compartiendo bancos de estudio con leyendas como Luis Brandoni y Susana Rinaldi. Aquella camada dorada marcaría un antes y un después en la forma de entender el teatro en el país.
Despedimos a Beatriz Matar, actriz, directora, autora, maestra de actores. Desarrolló una labor artística integral que la convirtió en una figura destacada de la cultura, con una obra especialmente comprometida con la reflexión sobre la condición humana, el arte y la memoria. pic.twitter.com/62hULVcyQL
— Asociación Argentina de Actores (@actoresprensa) June 9, 2026
Una trayectoria todoterreno: del Cóndor de Plata a la dirección en el San Martín
Beatriz desplegó su talento con una versatilidad poco común, dejando huellas imborrables en los tres soportes principales de la actuación.
En Cine, brilló en títulos fundamentales de nuestro cine como Tres veces Ana, Los jóvenes viejos y La mano en la trampa. Su punto más alto en la pantalla grande llegó con la aclamada Pajarito Gómez - una vida feliz, interpretación que le valió el prestigioso Premio Cóndor de Plata a la Mejor Actriz de Reparto.
En Televisión, fue una cara sumamente respetada en la época de oro de los ciclos de unitarios y ficciones. Debutó en Nosotros (Canal 13) bajo la dirección de Carlos Gorostiza, y formó parte de los elencos de Alta Comedia (donde también trabajó como guionista y adaptadora), El teatro de Norma Aleandro e Historias de jóvenes.

En Teatro, trabajó como actriz invitada de la Comedia Nacional bajo las órdenes de Orestes Caviglia y Agustín Alezzo. En el Grupo de Repertorio cruzó su talento con Lito Cruz, Federico Luppi y Selva Alemán.
Sin embargo, su faceta como directora teatral y dramaturga terminó por esculpir su estatus de leyenda. Comandó puestas imponentes como Tartufo en el Teatro General San Martín y Miserias y terrores del Tercer Reich.
Como autora, parió más de veinte obras (entre ellas La amante de Lawrence, Muero por ella y Temporada de silencio), explorando con valentía los laberintos del poder, el deseo y la identidad. Su libro La tarea de ser actor (1997) sigue siendo, al día de hoy, una biblia de lectura obligatoria en los talleres de teatro.

El hito de Teatro Abierto y su rol de resistencia
El compromiso social y político de Beatriz se transformó en un acto de valentía histórica durante los años más oscuros de la última dictadura militar. Su participación activa en el movimiento Teatro Abierto la colocó en la primera línea de la resistencia cultural.
En la edición de 1982, bajo constantes amenazas de censura, atentados y violencia, Matar dirigió de forma magistral la obra Oficial Primero. A través de una puesta audaz apoyada en los códigos del absurdo, la directora montó una feroz denuncia contra la complicidad del poder judicial en las desapariciones forzadas de personas, transformando el escenario en un búnker en defensa de los Derechos Humanos.

Su sensibilidad social también se plasmó en la adolescencia: su obra Los helicópteros no existen fue declarada de interés por UNICEF gracias a su potente enfoque pedagógico y formativo.
Resiliencia frente a la adversidad
La fortaleza de Beatriz no solo se vio arriba de las tablas, sino también en su vida personal. En el año 2006, la comunidad artística se unió para apoyarla luego de que encadenara dos situaciones profundamente traumáticas: un violento accidente en la vía pública que le demandó meses de rehabilitación física y, casi en simultáneo, un terrible secuestro virtual que sufrió su hijo y que la dejó en un severo estado de shock.

Su entereza para sobreponerse a los golpes, volver a ponerse de pie y regresar a las aulas a seguir transmitiendo sus saberes a las nuevas generaciones de actores selló su reputación como un faro humano inquebrantable. Con el anuncio de su fallecimiento, el teatro argentino baja el telón para despedir a una de sus maestras más íntegras, sabias y queridas.

