Aves de Córdoba. La historia detrás de la foto: el macá gris, que cuesta ver por acá
El relato de cómo se consiguió la foto de una especie poco frecuente en esta provincia. El río Yuspe fue el atractivo escenario.
El río Yuspe, en Córdoba, baja desde lo más alto y prístino de las Sierras Grandes y pasa por campos privados y por la Reserva Natural y Cultural Río Yuspe.
Justamente por allí pasa hoy la nueva y controvertida autovía de Punilla, con sus megapuentes y terraplenes.
En esta hermosa zona de ollas y quebradas apareció una especie de ave muy poco frecuente para estas latitudes: el macá gris (Tachybaptus dominicus)
Son mucho más comunes en el norte del país. Acá, por ser tan pocos los avistamientos, algunos fotógrafos y fotógrafas nos llegamos a esa zona en su búsqueda.
Como el río allí es ancho y calmo, y posee vegetación en sus orillas, tal cual les gusta a los macaes, aproximarse se dificulta para fotografiarlos.
El plumaje del macá es gris y el iris de su ojo es amarillo intenso. Son muy pequeños: miden unos 23 cm.
Otra característica es que son excelentes buceadores. Se sumergen para buscar su alimento: peces, crustáceos , ranas e insectos y para esconderse o huir de sus depredadores.
La estrategia para sortear las condiciones, de un ancho río, y su comportamiento, que se sumerge al asustarse, fue definitivamente usar el hidrohide, que consiste en una plataforma flotante con forma de U con un perno para enroscar un cabezal para sujetar la cámara y el lente, y luego recubrirla con una tela camuflada sostenida por dos parantes.

Ese día de la foto
Ese día me puse un traje de neoprene, ya que la baja temperatura del agua y los movimientos extremadamente lentos y sigilosos hacen que el frío se vuelva insoportable.
Fuimos esa mañana con el biólogo y compañero de la Fundación Mil Aves Guillermo Sferco. Salimos a las 5 a. m., y antes del amanecer ya estábamos en el lugar del río por donde días atrás habían sido visto los macaes grises.
En la orilla armé el hidrohide con sus parantes y ajusté la cámara. Luego me puse el traje de neopreno.
Aun no habíamos observado a los macaes, ya que se esconden entre la vegetación. Me metí al agua y como buen río de montaña al amanecer estaba helado.
Luego de unos minutos, el calor corporal calienta al agua entre la neoprene y tu cuerpo, y todo es más amigable.
Las aves no detectan como amenaza a algo que viene flotando lentamente y no saben que bajo esa tela hay un fotógrafo. Lo miran con atención, pero sin miedo, y por momentos se acercan con curiosidad.
Espere allí que la pareja se decida a salir de su escondite nocturno entre la vegetación, mientras la cálida luz del amanecer comenzaba a rozar el agua fría y oscura del remanso.
Mientras disfrutaba de esa vista privilegiada al ras del agua, observaba otras especies que ya se alimentaban por el río como gallaretas y biguás, y me sentía un afortunado de estar ahí.
En absoluto silencio, flotando inmóvil, el hidrohide genera una sensación de paz, tranquilidad. Pero a la vez estás expectante de lo que pueda suceder ese instante digno de una foto.
De repente, desde mi costado derecho lo veo, tímido y a la vez curioso con sus ojos inconfundibles amarillos e intensos: un maca gris se acercaba.
Si bien a la especie la había observado en una pequeña laguna selvática en el parque nacional Calilegua, en Jujuy, no la había podido fotografiar muy bien. Esta era mi oportunidad.
Se me acercó a muy pocos metros, al no considerarme como una amenaza, comenzó a alimentarse, ignorando por completo aquel pedazo de tela flotante.

Guillermo, desde la orilla, también lo observaba con sus binoculares.
Allí estuve más de una hora y con la mejor luz, la lateral y cálida del amanecer, fotografié a este modelo tan especial y con tan pocos registros en Córdoba.
La toma y la salida
Lentamente, me di vuelta y me dirigí hacia la orilla. Con mucho sigilo salí del agua para no generar ninguna alteración en el remanso. Mi objetivo era sacar las fotos y que la vida siguiera allí, tal cual antes de que yo llegara. Como una operación quirúrgica y cuidada.
Esa mañana logré los dos objetivos. Uno: no alteré a la fauna local. Y dos: obtuve las imágenes del macá, para poder con ellas mostrar la diversidad de especies de nuestro país y provincia, visibilizar la importancia de preservar las cuencas del rio Yuspe y de la Reserva Natural y Cultural Río Yuspe y su rol clave para la preservación y el avance de la desmedida frontera ganadera e inmobiliaria en la zona.
- Guillermo Galliano es fotógrafo de naturaleza y presidente de la Fundación Mil Aves, de Córdoba