Crítica. Ver o no ver La posesión de la momia, estreno de terror de la semana
La película termina recurriendo a una mezcolanza de subgéneros que la transforman en una propuesta conservadora y trillada. Calificación: regular.
Parece ser que al terror no le queda otra que la mezcolanza de subgéneros como único gesto de libertad, dentro de una fórmula general del cine comercial que rinde en taquilla. Porque si hay algo que define a las películas del género en la actualidad es que pueden ser alocadas, sangrientas y asquerosas, siempre y cuando no rompan ese modelo preestablecido de la industria, que tanto le teme a quien se atreva a hacer una película de terror distinta.
Y esto es lo que pasa con La posesión de la momia, escrita y dirigida por Lee Cronin, que viene respaldado en la producción por tres expertos en la materia: James Wan, Jason Blum y John Keville, quienes permitieron que Cronin dejara su firma en el título (“Lee Cronin’s The Mummy”, es decir, La momia de Lee Cronin) como un sello autoral, al modo en que lo hacían los grandes directores del terror norteamericano, como John Carpenter.
Sin embargo, Cronin (quien viene de hacer Evil Dead: El despertar) apuesta por una mezcla atolondrada y sin personalidad de elementos de distintos subgéneros y tradiciones: hay algo de El exorcista, algo de sectas satánicas, algo de terror japonés con espíritus malditos, toques de comedia gore a lo Sam Raimi y un terror intrafamiliar más dramático, todo enmarcado en el mito de la momia del terror clásico y bajo ese tono desfachatado y escatológico de las películas videocluberas de la década de 1980.
Y es demasiado larga, porque en la duración también se juega ese supuesto estatus del director: si la película supera las dos horas, parece que tiene más cosas para mostrar y decir. Pero no: acá Cronin divaga en un prólogo que apenas esboza de qué va la historia para luego ubicarnos en el conflicto central.
La trama de La posesión de la momia
La historia sigue a una familia (padre, madre y tres hijos) que pronto se ve envuelta en una trama terrorífica cuando su hija Katie (interpretada por Emily Mitchell, primero, y por Natalie Grace, después) desaparece en el desierto de El Cairo, donde están viviendo momentáneamente por razones laborales.
Ocho años después, la familia Cannon (el apellido funciona como un guiño a la mítica productora) recibe la sorpresiva noticia de que encontraron a su hija: estaba dentro de un ataúd en un avión que se estrelló en el desierto.
La encargada de comunicarlo es la detective Dalia Zaki (May Calamawy), quien en su momento investigó sin éxito la desaparición de la menor. Ahora Katie vuelve a su casa con un aspecto espeluznante, completamente momificada, para desatar la pesadilla.
Uno de los principales problemas de la película es que ninguno de sus personajes despierta empatía, ninguno es lo suficientemente sólido ni creíble como para que el espectador conecte con ellos.
El padre, Charlie (Jack Reynor), es alarmantemente insulso, y la madre (Laia Costa) no está mucho mejor. Pero lo peor es la niña que encarna a la momia (Grace), que nunca llega a dar verdadero miedo, ni siquiera cuando recurre a esos trucos forzados que, de tan trillados, ya son predecibles, como los movimientos abruptos de poseída, las apariciones repentinas en el típico jumpscare de manual o esa viscosidad exagerada del cuerpo cuando se lacera.
Tampoco hay mucho de la Momia y su tradición clásica, y toda esa mitología (las pirámides, el desierto) queda relegada a un segundo plano casi inexistente, como si Cronin hubiera querido hacer otra cosa.
En esa mezcla de elementos dispares no termina de encontrar un rumbo y se apega a una fórmula que nunca se atreve a subvertir. Hasta podría pensarse como una propuesta conservadora, en tanto se somete a los modos preestablecidos de una industria cada vez más cansina y previsible.
Para ver La posesión de la momia
The Mummy, Estados Unidos / Irlanda, 2026. Terror. Guion y dirección: Lee Cronin. Elenco: Jack Reynor, Laia Costa, May Calamawy, Natalie Grace, Shylo Molina, Billie Roy, Verónica Falcón, Hayat Kamille, May Elghety, Emily Mitchell, Tim Seyfi y Mark Mitchinson. Fotografía: David Garbett. Música: Stephen McKeon. Duración: 132 minutos. Restringida para menores de 17 años. En cines.

