Comentario. El futuro llegó (y no está bueno): así es Buena suerte, diviértete, no mueras
Se trata de una película políticamente subversiva que llega en un momento en el que el aceleracionismo está a la orden del día. Calificación: muy buena.
Lo que podría haber sido una película destinada a desterrar ese imaginario aceleracionista y pesimista de la ciencia ficción actual termina en una rendición ante la supuesta inevitabilidad de un futuro gobernado por inteligencias artificiales, en el que la humanidad queda a su merced.
Sin embargo, Buena suerte, diviértete, no mueras es la nueva película de Gore Verbinski, un director habituado a hacer blockbusters con sustancia y discursos sólidos (La mexicana, Rango, El llanero solitario, La cura siniestra). Y si bien aquí apenas amaga con un “fuck you” al futuro que algunos pretenden construir, lo que plantea dialoga directamente con discusiones políticas y filosóficas contemporáneas y ofrece una lectura certera del presente y de los riesgos de una entrega total a la tecnología.
La película gana eficacia gracias a su elenco, con Sam Rockwell al frente como “el hombre del futuro”, que irrumpe en un bar de comida chatarra para advertir que el futuro está jodido y que aún puede evitarse.
Los presentes (elegidos casi al azar) deben ayudarlo a encontrar a un niño de nueve años que está creando una superinteligencia artificial destinada a gobernar el mundo, premisa que le sirve a Verbinski para trazar un retrato inquietante de adolescentes zombificados por la tecnología, cuyo lenguaje replica el de la publicidad que consumen.
Una vez armado el equipo, con Mark (Michael Peña), Susan (Juno Temple), Janet (Zazie Beetz), Ingrid (Haley Lu Richardson) y Scott (Asim Chaudhry), la película se detiene en las horas previas de cada uno antes de la llegada de ese misterioso hombre que afirma venir del futuro, en una estructura cercana a la de una miniserie que el director condensa con ritmo en poco más de dos horas.
De ahí en más, todo avanza entre gags algo aleatorios, aventura trepidante y un discurso crítico sobre la tecnología, a lo que se suma el juego de los actores y la presencia de unos perseguidores que vuelven la misión (impedir que el niño construya esa IA) cada vez más desesperante.
Pero lo importante es la imaginería de Verbinski, que despliega con libertad sus ideas de cine en imágenes, planos y personajes potentes, sin perder nunca el ritmo y siempre en sintonía con el discurso que sostiene Rockwell.
Como ya se dijo, podría haber sido la película destinada a cuestionar las teorías que plantean la inevitabilidad de un futuro gobernado por máquinas. El problema es que termina bajando los brazos y cediendo, otorgándoles la victoria a esas fuerzas que los personajes combaten con desparpajo (entre gatos gigantes y figuras tan encantadoras como delirantes), todo sostenido por un pulso narrativo que combina claridad política y entretenimiento y que vuelve a colocar en lo alto del cine espectáculo a Verbinski.
Por alguna razón, no todos los cines la estrenaron. En parte es comprensible, porque a pesar de ese final derrotista, que en cierto modo acompaña el curso de los acontecimientos tal como lo pretenden los poderosos de turno, se trata de una película políticamente subversiva, que llama a la toma de conciencia, a resistir y a desacelerar el rumbo hacia el que se dirige el mundo.
Ese gesto de señalar el mal siempre resulta incómodo para quienes se benefician de la aceleración tecnológica. Por eso mismo, es una muy buena película.
Para ver Buena suerte, diviértete, no mueras
Good Luck, Have Fun, Don’t Die, Estados Unidos / Alemania, 2025. Ciencia ficción. Dirección: Gore Verbinski. Guion: Matthew Robinson. Elenco: Sam Rockwell, Juno Temple, Haley Lu Richardson, Michael Peña, Zazie Beetz, Asim Chaudhry, Tom Taylor, Georgia Goodman, Daniel Barnett, Artie Wilkinson-Hunt y Riccardo Drayton. Fotografía: James Whitaker. Música: Geoff Zanelli. Duración: 134 minutos. Apta para mayores de 17 años. En cines.

