Comentario. Festival de Cannes: László Nemes presentó su mejor película hasta la fecha
El festival de cine atravesó su séptimo día y presentó Moulin, una de las producciones más destacadas de la jornada y de la filmografía del director húngaro.
Este lunes transcurrió el séptimo día de la 79° edición del Festival de Cannes. En esta ocasión, el húngaro László Nemes presentó Moulin. Esta película sigue a Jean Moulin, uno de los héroes nacionales franceses que representa un símbolo de resistencia contra los nazis.
Jean Moulin murió en un tren con su cuerpo machucado de golpes el 8 de julio de 1943. Un hombre ejemplar, fue lo que se conoce como partisano. Lideró la resistencia francesa ante la ocupación nazi y consiguió antes de ser capturado por la Gestapo la unión de distintos grupos de resistencia. Lo buscaban, era un peligro para los viles.
Moulin, la última y mejor película de László Nemes, empieza un poco antes de que detengan a Moulin, a minutos de celebrarse una reunión clandestina de la resistencia con distintos grupos, en la fachada de una clínica médica. Los nazis llegan, golpean, detienen. La desgracia del evento da lugar al segundo acto. En ese extenso tiempo la película se detiene; es cuando Moulin pasa sus días en la celda y se mantiene incólume ante las extorsiones y las tácticas de los nazis para que confiese su verdadera identidad. El relato se atiene estrictamente a seguir el martirio de un hombre admirable.
Apenas Nemes entra en la celda, su compañero le advierte que la primea noche es la más difícil. Tendrá razón. Nada se muestra en la noche, pero todo se escucha: la amalgama sonora es el terror, sonidos indistinguibles de golpes, tiros, gritos, risas bestiales. Es el inicio de un viacrucis, el martirio de un hombre cuya fe es solamente terrenal.
Su némesis, en las antípodas de la decencia de Jean Moulin, se encarna en quien es el jefe de la Gestapo en Lyon, Klaus Barbie. Perverso “ejemplar”, la sagacidad del oficial consiste en el engaño y la trampa para conseguir que el sospechoso se identifique y si es posible dé nombres. Fue capaz de cualquier cosa. En el principio, los interrogatorios están ligados a la palabra y es lo más parecido a una contienda ajedrecista de conjeturas y sospechas del nazi sobre un hombre que ha decidido no decir nada. Delatar, quebrarse no está en el horizonte de lo posible. El nazi solo tiene imaginación para llevar al límite su falta de dignidad. Jamás logrará doblegar a Moulin.
La integridad de Jean Moulin es escasa en nuestro mundo. La interpretación de Gilles Lellouche está a la altura y roza la proeza. Para mejor intérprete, el jurado tiene acá a un candidato inmejorable. Su trabajo y la figura de aquel a quien interpreta hasta llegan a neutralizar la pasada obsesión por lo tortuoso a secas que caracterizaba al cine del director húngaro. Esta película lo redime y mediante ella Jean Moulin, por un momento, redime a quienes portan algo de aquella inconmovible fe terrenal.




