Entrevista. Franco Masini y Tatu Glikman en Amor animal: así construyeron el caos de la serie
Los actores son los protagonistas de la nueva serie de Prime Video. La Voz pudo acceder a una charla con ellos, en la que contaron detalles del detrás de escena.
Afuera, la ciudad sigue su curso caótico, pero dentro de la mansión del Four Seasons en Buenos Aires todo es silencioso. En ese escenario de calma, un photocall gigante en el hall que dice “Amor Animal” anuncia lo que está sucediendo adentro: cámaras, luces, y susurros para no interrumpir las entrevistas que Franco Masini y Tatu Glikman, protagonistas de la nueva serie de Prime Video, brindan a la prensa. La Voz fue parte de ese encuentro.
Hay algo en la forma en la que los actores se miran antes de responder que ya anticipa el tipo de vínculo que construyeron. Kaia y Nico, sus personajes, se encuentran en un cruce improbable entre mundos que no suelen tocarse sin generar fricción. Ella, una artista de trap que emerge desde la periferia; él, un joven de clase alta atravesado por una crisis existencial que no logra nombrar del todo.

Cuando se les propone pensar ese vínculo como un Romeo y Julieta contemporáneo, la respuesta llega casi en simultáneo. “La verdad, muy contentos”, dice Tatu. “Muy contentos”, repite Franco, como si la palabra necesitara ser reafirmada. “El desafío ya estuvo y ahora queda solo festejar, compartir, y brindar…”, suma ella. “Disfrutarlo…”, cierra él.
Lo que se ve en pantalla es el resultado de un proceso exigente que, sin embargo, eligieron transitar desde el disfrute.
“El desafío fue todo, desde hacer el casting, quedar, hasta hacer el personaje”, explica Tatu. Y Franco completa con más detalle: “La composición del personaje, el proceso de rodaje. Fue un rodaje muy intenso, con muchas horas, de muchas escenas de acción, de cansancio mental donde te ponés a disposición del director, del guion, y de estar conectados nosotros para irnos a lugares profundos”.
La intensidad de la que hablan se percibe desde los primeros episodios, en los que la narrativa avanza sin concesiones, encadenando situaciones que no dan respiro. Todo sucede rápido.
“En una serie son pocas semanas en las que estás muy concentrado, muy a fondo”, dice Franco. “Fue un proceso muy divertido y muy lindo. Lo vivimos liviano, a pesar de lo intenso que fue”.
La construcción de los personajes
Esa contradicción de la liviandad dentro de lo extremo atraviesa también a los personajes. Kaia, en el caso de Tatu, es una identidad en construcción permanente. No solo busca un lugar en la música, sino también una forma de decirse a sí misma dentro de un contexto que muchas veces empuja en sentido contrario. “Fue muy interesante todo el tema musical”, cuenta.
“No tuve ninguna referencia, si bien se hablaba de nombres, no replicamos ninguna historia tipo documental. Tomamos colores. La construimos musicalmente con un equipo buenísimo que hizo las canciones y que me dio el lugar para escribir los raps”.

En esa decisión de no imitar a ninguna artista real hay una búsqueda clara de autenticidad. “Tuve una coach vocal que, de repente, me decía: ‘Kaia es de un barrio precarizado, no podés decir estas frases así’”, recuerda. “Eso era interesante de construir y de ver”. Lo que aparece, además de ser una indicación técnica, también plantea cómo representar sin caer en el estereotipo.
“Desde que llegó el guion, noté un respeto hacia los dos mundos”, dice Tatu, que suma: “Pero se va construyendo con el tiempo. Desde el guion, desde el vestuario… podía decir ‘esto me parece un poco como un disfraz’. Fue una construcción desde todas las áreas que hizo que fuera verídico el resultado”.
En paralelo, el personaje de Franco se mueve en otra zona de conflicto. Nico encarna la idea de que el dinero no garantiza todo. “Un poco el mensaje es que no tiene que ver con la plata sino con la problemática, la crisis que tienen los jóvenes, más allá de dónde están, de dónde nacieron”, explica. Su personaje está atravesado por una torpeza emocional que lo vuelve impredecible: “No sabe resolver, no puede. Es torpe emocionalmente, no sabe vincularse, no sabe comunicarse bien”.
Ese desconcierto se vuelve el motor. “A medida que va pasando la serie, un poco el arco del personaje va cambiando, pero arranca con varias capas de densidad”, adelanta Franco.
Y es justamente esa densidad la que complejiza el vínculo con Kaia, alejándolo de cualquier lectura romántica clásica. “Todo es caótico”, reconoce. “Pero es un poco la idea de contar este Amor Animal. Es un amor distinto al que por ahí estamos acostumbrados a ver”.

“¡Y ahora qué!”, interviene Tatu, riéndose, pero señalando que la serie está construida para generar esa pregunta constante. No hay estabilidad, no hay certezas.
Como espectadora, esa sensación aparece desde el inicio. Hay algo que se escapa, que no termina de cerrarse, que incomoda. Y eso es parte de la potencia de Amor Animal, que no da respiro.
“A medida que vas viendo la serie, se va poniendo todo cada vez más intenso. Si esos dos te parecieron intensos, no sabés lo que falta”, advierte Franco. “Un té de manzanilla para los que siguen…”, suma Tatu, entre risas.
Creada por Sebastián Ortega y producida por Underground, la serie se inscribe dentro de un universo narrativo que explora la tensión, la marginalidad y los vínculos atravesados por la violencia, pero aquí lo hace desde una clave más generacional.
No se trata solo de contar una historia de amor imposible, sino de poner en escena las contradicciones de una juventud que, más allá de su contexto socioeconómico, comparte una misma incertidumbre.
Kaia y Nico funcionan como dos polos que se complejizan en el encuentro. Lo que les pasa no está determinado únicamente por su origen, sino por cómo transitan lo que les pasa. Porque lo que está en juego no es solo si pueden o no estar juntos, sino qué implica ese encuentro para cada uno. Hay algo en ese “animal” que remite a lo instintivo, a lo que no pasa por el filtro de la razón.
Amor Animal no ofrece respuestas fáciles ni personajes completamente descifrables. Se mueve en una zona más cercana quizás a la experiencia real de vincularse.
Cuando se acaba la charla, hay más preguntas que certezas. Como si lo más interesante no fuera lo que se muestra, sino lo que deja vibrando después.
Para ver
Los ocho capítulos de la primera temporada de Amor Animal ya se encuentran disponibles para ver en Amazon Prime.

