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Otitis “de pileta”, una visitante molesta del verano

Afección estival. Aunque tratada a tiempo no es grave, puede impedir disfrutar de la natación. Es más frecuente en los niños porque permanecen más tiempo en el agua.

15 de enero de 2014 a las 12:01 a. m.
Otitis “de pileta”, una visitante molesta del verano
Causa. Cuando la piel del conducto externo del oído se reblandece por la humedad, permite el ingreso de bacterias.

Apodada "otitis de pileta", la otitis que afecta a quienes se zambullen en las aguas para escapar del calor es una de las afecciones más frecuentes del verano. Aunque tratada a tiempo no suele revestir mayor gravedad, es molesta e impide disfrutar, justamente, de la pileta y de todo aquel paisaje con agua: mar, río, lago o laguna. Por caso, en la costa atlántica, el 15 por ciento de las consultas que se reciben en sus centros de atención sanitaria corresponden a otitis. Causa La otitis externa es una infección que se origina en la piel del conducto auditivo externo, la cual, tras permanecer humedecida por mucho tiempo se reblandece y pierde su capa protectora, lo que permi te que las bacterias ingresen al oído. Los síntomas -fiebre y dolor intenso- aparecen unas horas después de haber estado por largo tiempo en la pileta. En algunos casos, se puede manifestar previamente con picazón en el canal auditivo. Generalmente, los niños la padecen más que los grandes, porque bucean y están mucho tiempo en el agua. Para algunas personas que padecen otitis externa, hasta masticar puede ser doloroso. Asimismo, es posible que la audición se vea afectada de manera temporal, porque en algunos casos se presenta con pus, partículas o hinchazón que bloquean el pasaje del sonido. Prevención También conocida como "oído del nadador", esta forma de otitis puede ser prevenida mediante el uso de tapones de baño, que sellan el conducto auditivo y el pabellón del oído, protegiéndolo de posibles infecciones; claro que lograr que un chico use los tapones es más difícil que prohibirle que se meta al agua y, al mismo tiempo, los tapones no son 100 por ciento seguros. Algunas medidas más o menos fáciles de implementar, y que colaboran con reducir el riesgo de otitis, son evitar las reiteradas zambullidas, así como también que los chicos permanezcan por largos períodos con la cabeza debajo del agua. Es importante que después de salir de la pileta, quienes se hayan sumergido se sequen bien los oídos para evitar que la piel del conducto quede húmeda y, si el tímpano está intacto, puede utilizarse alcohol boricado o fino diluido con agua para garantizar un buen secado.La limpieza y el secado de los oídos se debe realizar con un algodón absorbente, pero nunca con hisopos, ya que pueden dañar la piel interna del oído y favorecer tanto las infecciones que uno busca prevenir como lesiones aún más graves del oído.Quienes deben tener especial cuidado son las personas que tienen un conducto auditivo externo largo y fino, que mantiene fácilmente la humedad y predispone a desarrollar otitis. En estos casos, se aconseja que al terminar el día de pileta la persona se coloque de cuatro a cinco gotas de alcohol boricado en los oídos y luego las retire rápidamente, inclinando la cabeza. ¿Tratamiento antibiótico? Pero cuando aparecen los primeros síntomas, es fundamental consultar al médico, que indicará un tratamiento antibiótico, ya que de lo contrario, librada la infección a su evolución natural, pueda extenderse hasta el hueso que rodea el conducto auditivo. La mala noticia es que no basta con los medicamentos para combatir la otitis ya declarada: quienes la padecen deben respetar la indicación que hará el médico de no sumergir la cabeza en el agua por, al menos, 15 días. Y esto vale aun cuando los síntomas (el dolor) hayan desaparecido. Es necesario esperar que la piel del conducto se termine de renovar y se cure, porque este tipo de infección no deja inmunidad. En otras palabras, volver al agua antes de tiempo significa volver a la otitis y a sus síntomas.

Recomendaciones

  • Realizar chequeos auditivos frecuentes como forma de prevención.
  • Evitar el baño en aguas poco saludables (contaminadas o sucias).
  • Zambullirse de manera suave en playas y piscinas.
  • Evitar mantener la cabeza mucho tiempo debajo del agua.
  • Secar bien los oídos después del baño.
  • No usar hisopos o elementos punzantes para secar los oídos.