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¿Y dónde están los jóvenes?

Las posturas son irreconciliables, pero taurinos y antitaurinos coinciden en que las malas perspectivas que acosan a la fiesta de los toros tienen que ver con la juventud.

25 de septiembre de 2011 a las 12:02 a. m.
Rosa Jiménez Cano (especial)
¿Y dónde están los jóvenes?

Las posturas son irreconciliables, pero taurinos y antitaurinos coinciden en que las malas perspectivas que acosan a la fiesta de los toros tienen que ver con la juventud. Los taurinos reconocen que no hay relevo generacional y que los jóvenes no se interesan por la fiesta, entre otras cosas, porque es un espectáculo caro. Los antitaurinos consideran irreversible ese alejamiento. Una juventud más sensible y con más conciencia medioambiental marcará el fin de la fiesta. Mariano Aguirre, presidente de la Real Federación Taurina de España, reconoce abiertamente que "ir a los toros es caro, muy caro, y si una familia tiene que elegir, recorta en ocio. Sin público, este espectáculo no tiene sentido". Antonio García Jiménez, empresario de la plaza de toros de Barcelona, ve a la fiesta como al país: quebrada. "El futuro no es tan oscuro, pero nos falta invitar a los jóvenes a venir a los toros, y no esperar a que lo hagan en la edad madura", dice.La delicada situación económica también afecta a los ganaderos. Carlos Núñez, presidente de la Unión de Criadores de Toros de Lidia, apunta: "La crisis ha traído una drástica reducción de festejos y, por tanto, un excedente de animales en el campo. Por otra parte, existe una inadaptación de la normativa sanitaria a las características de la cría de bravo".Los jóvenes son la clave entre estas dos posturas, ya sea para abrir la puerta al futuro o para cerrarla definitivamente.Helena Escoda, de la comisión promotora por la abolición de las corridas de toros, estima: "Cada vez se demuestra más que los jóvenes respetan la naturaleza y son sensibles al medio ambiente. Por fortuna, no optan por un espectáculo anacrónico".En tanto, la Unión de Picadores y Banderilleros, que reúne a más de dos mil profesionales del toreo, ya comienza a verse afectada. Fernando Galindo, su secretario general, admite: "No hemos sabido contar con público nuevo ni captarlo. El peligro no está en que se prohíban los toros en Cataluña, sino en los mensajes simplistas y animalistas".En esa misma línea se manifiesta Ignacio Lloret, exponente de una nueva generación de empresarios que quiere mantenerse lejos de los mensajes apocalípticos: "Barcelona se va a cerrar con dos grandes llenos. Contra esa demostración de fuerza y repercusión económica no puede nadie. Ni siquiera los políticos". Juan Diego, matador de toros y directivo de la Unión de Toreros, tampoco se resigna: "El paso al Ministerio de Cultura ha sido muy positivo para blindar una fiesta que pertenece al pueblo".