Hacer la plancha para mantenernos a flote
Aceptar, es dejar de luchar con lo que sucede y al hacerlo, nos alineamos a nuestra vida.
Recuerdo hace muchos años cuando llevé a mi hija por primera vez a natación. Tenía cuatro años. Le puse la malla, el gorrito que le apretaba más de lo que a ella le gustaba, y partió, muy segura, de la mano de la profe, hacia la pileta. Yo me quedé observando, como lo hacía con mi hijo mayor, del otro lado del vidrio.
Luego de un par de juegos y risas compartidas en la parte baja, la profesora le dijo que se tirara a la pileta en la parte honda. Ella la miró y casi sin dudar, se tiró. Pero cuando se encontró en el agua y pareció darse cuenta de que estaba sola y de que se hundía, comenzó a chapotear con desesperación. La profe, con mucha calma y dulzura, le tomó la cabecita entre sus manos y le dijo mírame; y ella, automáticamente la miró y se relajó. Todo su cuerpo dejó de sacudirse intentando salir del agua, y comenzó a flotar. La profe volvió a soltarla. En un momento, la giró y la puso panza arriba para hacer la plancha y la soltó. Mi hija pareció asustarse, comenzó a bracear y nuevamente luchó inútilmente contra el agua para no hundirse. La profesora se le acercó suavemente, le tomó la cabecita y ella dejó de bracear y patalear, y lentamente se fue entregando a la superficie del agua, sin resistir, sin luchar, solamente permitir que el agua tibia de la pileta hiciera contacto con la totalidad de su cuerpo, rendirse a la lucha y flotar.
Aceptar es, a veces, hacer la plancha a la vida, entregarse plenamente a hacer contacto con toda la superficie.
Parece ser que luchar induce a que, muchas veces, nos hundamos más y no podamos silenciar y calmar nuestros miedos para así poder escuchar lo que el contacto absoluto con la superficie del agua tiene para decirnos.
Aceptar es dejar de luchar con lo que sucede. Al aceptar nos alineamos a nuestra vida, soltando aquello que no fue o que debería haber sido diferente o que fue y no quiero que deje de serlo.
Hacer la plancha es, muchas veces, todo lo que tenemos que hacer para mantenernos a flote.
* Por Valentina Masjoan

