Estar presentes: vivir con el corazón adelante
Debemos tener coraje para quedarnos un ratito más con lo que nos pasa y soltar aquello que no está sucediendo aquí y ahora.
Coraje es llevar el corazón hacia adelante. La palabra deriva de “cor” (corazón en latín) y ésta del griego “kardiá”, aun cuando se adaptó la palabra del antiguo franco “coraje” al castellano (coeur: corazón en francés actual). Tener coraje es sinónimo de tener valor, de “echar el corazón por delante”.
¿Estoy poniendo mi corazón por delante? ¿Me estoy dirigiendo hacia lo que considero importante, aun cuando sea incómodo, me dé miedo o no tenga certezas? Thich Nhat Hanh dice que el milagro no es caminar sobre las aguas sino caminar sobre la tierra ocupando el momento presente, sintiéndose completamente vivo.
Estar presentes requiere de coraje. Coraje para vivir nuestra realidad aquí y ahora, y vivir según lo que es importante o valioso para nosotros. El coraje es la buena voluntad de quedarse con ese miedo que aparece, un ratito más.
“He tenido muchos problemas en la vida, pero la mayoría nunca me han pasado”, dice Mark Twain. La mente se anticipa a lo que va a suceder y se las arregla para que escapemos antes de que pase y suframos. Pero, paradójicamente, sufrimos porque escapamos.
Controlar el miedo
¿Cuánto tiempo de tu día le dedicaste a preocuparte, anticiparte, resolver problemas, juzgarte o juzgar por cómo actuaron? ¿Escapar? ¿Cómo se siente? El miedo se transforma en sufrimiento cuando organizamos nuestra vida a su alrededor, cuando éste asume el control, cuando es el que le da sentido a nuestra existencia y nos convertimos en un yo miedoso, un yo en donde algo va a salir mal o algo está mal. Quedamos secuestrados por esa emoción.
Winston Churchil dijo: “Pasé más de la mitad de mi vida preocupándome por cosas que jamás iban a ocurrir”. El miedo es una armadura que, aunque pareciera protegerme, cuando la uso de manera permanente, el cuerpo comienza a sentir su presión, su rigidez.
Estar presente es ser honesto con uno mismo. ¿Cómo escapo del presente? Si hoy te pregunto por tu futuro, esa respuesta se referirá al futuro, pero hablará de cómo hoy te sientes con respecto a ese futuro.
Si pudiera darle la bienvenida a ese pensamiento, podría notar qué es y que está aquí, en el presente, aunque tenga forma de futuro. Igualmente, si apareciera un recuerdo, este pensamiento tendría origen en el presente, no en mi pasado. Hoy, esa historia se hace presente en un recuerdo, aunque estaría hablando de lo que hoy representa ese recuerdo en mi historia.
Por lo tanto, si el tiempo que existe es ahora, me libero de estar atrapado en el pasado o futuro, ya que todo sucede aquí y ahora.
Coraje para vivir el presente
Si te preguntara a dónde querrías viajar el próximo año, este pensamiento nace en el presente, hablaría de lo que hoy deseas y piensas, de lo que está ocurriendo en tu vida en este momento que te lleva a dirigirte hacia ese lugar y no a otro, de lo que significaría para vos hoy, ir allí.
Por lo tanto, el deseo de futuro te está hablando de algo que deseas hoy, habla de ti, ahora. Si yo no me aferro a esa idea “el año que viene tengo que ir a...”, podré vivir con libertad ese pensamiento.
Pero en la realidad, ¿qué nos ocurre? Necesito pensar que el año que viene voy a estar allí y quiero que ocurra, lo cual me lleva a evitar sentir lo que estoy sintiendo en el presente y a frustrarme cuando no pueda estar allí o cuando allí no resulte tan especial como yo esperaba. Lo hacemos, lo hago, y pareciera que así nos manejamos con lo que deseamos, esperamos, creemos de lo que debería ser.
Si pienso que deseo no volver a sufrir por un amor no correspondido me quedaré aferrada a ese pensamiento, cuidándome excesivamente de no volver a pasar por la misma situación, viviré desde el miedo a sufrir por amor, alejándome de vivir la experiencia del amor aquí y ahora.
Estaré sufriendo el desamor, sin que el amor haya ocurrido realmente. Ernesto Mallo, escritor argentino, dice que no amar por temor a sufrir es como no vivir por temor a morir.
Nos decimos: “No entiendo cómo alguien puede vivir con ese problema. Si a mí me pasara, me moriría”. O “si a mí me ocurriera lo mismo, no sabría cómo manejar la situación”. Los seres humanos infravaloramos nuestra propia capacidad de poder seguir con nuestras vidas, si algo malo ocurriera. Constantemente sobredimensionamos lo infelices que seríamos ante la adversidad, afirma Elizabeth Gilbert.
Necesitamos coraje para parar, coraje para vivir el presente y soltar lo que no está sucediendo aquí y ahora. Coraje para disfrutar el viaje. Coraje, es viajar con el corazón adelante.
Creemos que seremos libres cuando tengamos todo “bajo control” y el viaje no sucede, el recuerdo me atormenta y el amor no correspondido, finalmente, vuelve a suceder. Al hombre se le puede quitar todo, salvo la elección de la actitud personal que puede tomar para construir su camino, dijo Victor Frankl.
* Valentina Masjoan es psicóloga (MP 9.660). En Instagram, @valentinamasjoan

