Menos pregunta Dios...
Está claro que el kirchnerismo no sólo no le perdona a Scioli su autopostulación presidencial. Luis Heredia.
Una de las repercusiones más llamativas generadas en la Argentina por la onda agreta dispensada por la presidenta Cristina Kirchner a los preguntones estudiantes de Georgetown y Harvard (especialmente a estos últimos) fue la crítica generalizada a su tono por momentos bravo hacia los curiosos e impertinentes universitarios.
“Es un fenómeno extraño ya que estos cuestionamientos unificaron a argentinos educados y corteses (que no son muchos), con energúmenos que acostumbran tirarles los autos a terceros cuando manejan, o escupir y arrojar carteles publicitarios a los jugadores contrarios desde las plateas cuando van a una cancha”, describió sorprendido Bernabé Buenmodo, titular de la Fundación Mil Disculpas para la promoción del trato amable entre los argentinos.
“Nos hizo quedar como el or… Qué van a pensar en el mundo de nosotros, que tratamos a la gente como el c…”, se quejaba precisamente un hincha de San Lorenzo que alternaba las críticas a la Presidenta con insultos, acusaciones de “vendehumo” e inquietantes amenazas contra el técnico Caruso Lombardi, el entrenador que encabeza el top five de los DT más vituperados del momento en el fútbol argentino.
Pero más allá de estas ya habituales contradicciones argentinas (nada indica un cambio en los patrones de tratamiento entre los argentinos a pesar de todo lo que se dijo), el paso de Cristina por estas prestigiosas universidades norteamericanas dejó un nutrido grupo de estudiantes traumatizados por la experiencia.
“Desde los tiempos de Richard Nixon (que mandaba a la Guardia Nacional a reprimir en los campus), que un presidente no maltrataba así a universitarios de este país. Si las cosas no pasaron a mayores fue porque los Granaderos se quedaron en Buenos Aires”, exageró un becario puertorriqueño de Georgetown.
“De ahora en más exigiremos a las autoridades de nuestras universidades que nos traigan presidentes amigables, como José “Pepe” Mujica. No quiero vivir otro momento así”, afirmó Deborah, estudiante de Harvard.
“La presidenta Kirchner se aparece en mis sueños y me dice: ‘Cuidado con lo que vas a preguntar, chiquito’, y me despierto bañado en transpiración. Antes de asistir a la conferencia con ella era un despreocupado estudiante universitario de Harvard, ahora tengo ataques de pánico”, aseguró otro becario que prefirió mantener su nombre bajo reserva.
Estos cuadros generaron preocupación en algunos profesores de estas casas de estudio, ya que aseguran que los estudiantes que participaron de las charlas con Cristina no son los mismos después de esta traumática experiencia interactiva. “Antes eran muy participativos y joviales, pero ahora son chicos taciturnos, silentes, que no quieren hacer ningún tipo de preguntas. Creo que se les inhibió el impulso para averiguar e interpelar”, aseguró un catedrático. “Se nota que hay temas que les interesan, pero las preguntas no les salen”, agregó alarmado.
Según fuentes de Harvard, los estudiantes estarían recibiendo ayuda psicológica para superar este bloqueo. “Estamos tratando de que vuelvan a preguntar, pero tenemos que empezar desde lo más simple. Ya hemos logrado que algunos pregunten la hora, qué hay de comer o si está lloviendo, pero los avances son lentos “, afirmó una fuente de esa universidad.
Pero para los analistas que fueron más allá de la discusión sobre modales, formas de tratamiento y sus consecuencias sobre el estudiantado norteamericano, las conferencias presidenciales en Estados Unidos dejaron definiciones de alto valor político para los argentinos, como por ejemplo, que jamás un mudo o muda podrá llegar a ser presidente de Argentina.
“¿A vos te parece que hubieran votado a una muda?”, fue la frase con la que Cristina Kirchner justificó los votos que sacó y con la que sepultó cualquier aspiración de un no hablante a llegar a la Casa Rosada. Para algunos analistas fue un tiro por elevación para la infatigable “muda”; es decir, la traductora al lenguaje de señas de los discursos presidenciales. Aparentemente, con la fama lograda con su tarea desde una diminuta ventana en el extremo inferior derecho de las pantallas, la intérprete habría manifestado a algunos amigos (por señas, lógicamente), sus aspiraciones de suceder a Cristina en la presidencia.
Está claro que el kirchnerismo no sólo no le perdona a Scioli su autopostulación presidencial.

