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La pasión globalizada es una usina de información

Una vez cada cuatro años, las escuelas tienen en bandeja una especie de laboratorio para construir conocimientos.

07 de junio de 2014 a las 12:01 a. m.
La pasión globalizada es una usina de información

Las imágenes publicitarias de las gestas épicas en celeste y blanco y las de los héroes contemporáneos valientes y gloriosos son, apenas, la previa de lo que se viene desde el miércoles, cuando el Mundial de fútbol que se disputa cerca de casa invada nuestras vidas.

Se sabe: esa pasión globalizada, exacerbada y auténticamente popular, se instalará durante un mes. No vamos a hablar de lo que despierta una competencia de este tipo en un país con tradición futbolera y cuna de íconos universales que, en ciertos casos, nacieron en el submundo para proyectarse al “gran mundo”.

La emoción colectiva que todos entienden y que emerge por encima de clases sociales, generaciones, edades, regiones, naciones, ideologías y religiones nos hace a todos un poco más iguales. En un punto, nos hermana.

Si el fútbol renueva el ánimo y el deporte pasa a ser “el tema” en el país (con todo lo que ello implica, para bien y para mal), parece una opción inteligente capitalizar semejante usina de información.

Una vez cada cuatro años, las escuelas tienen en bandeja una especie de laboratorio para construir conocimientos.

Tienen estudiantes motivados, superinformados y dispuestos a hablar de lo que les interesa. Así, casi no hay excusas para aprender. El fútbol nos invitar a discutir las ideas de nacionalismo y de identidad. A debatir sobre los discursos publicitarios, sobre la producción de imágenes, sobre violencia, salud, exitismo, pasión, países, tecnología, negocios, política y antropología.

También para hacer cálculos de probabilidades, realizar comparaciones en porcentajes, trabajar las equivalencias entre monedas, conocer los datos de las naciones, analizar y cotejar las características físicas (edad, peso y altura) de nuestros jugadores con los demás y para hacer gráficos y síntesis. E infinitas cosas más.

Como se ve, el Mundial es una oportunidad para aprender, aunque sin olvidarse de gritar goles, emocionarse y llorar, si hace falta.