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“La Iglesia no debe marcarle la cancha a la ciencia”

El sacerdote jesuita cree que religión e investigación no deben estar enfrentadas, sino que pueden ser interlocutoras válidas.

14 de agosto de 2010 a las 12:01 a. m.
“La Iglesia no debe marcarle la cancha a la ciencia”

De vez en cuando, a Rafael Velasco (43 años) le toca bendecir un laboratorio de la Universidad Católica de Córdoba (UCC). Se puede pensar que encomendarle a un sacerdote que sea rector de una universidad que realiza ciencia puede ser una tarea incómoda.

Sin embargo, Velasco se siente a gusto con el cargo que ocupa, aunque aclara que ante que todo es sacerdote.

–¿Hace mucho que no celebra misa?

–Celebro siempre misa. Todos los domingos celebro dos misas, una en la parroquia de la Sagrada Familia (barrio Pueyrredón) y, a la noche, en la Iglesia de la Compañía (Manzana Jesuítica) una misa para jóvenes. Fundamentalmente yo soy cura. Me gusta celebrar misa.

Sin fundamentalismos. Primera duda despejada. La segunda es conocer hasta que punto la religión y la ciencia son incompatibles. Velasco cree que no lo son y lo analiza por fuera del cliché fundamentalista.

“Son diversos niveles de conocimientos que pueden ser complementarios. La ciencia estudia el qué de las cosas, la teología intenta ofrecer un sentido a las cosas. Tolstoi decía que finalmente la ciencia no da respuestas a las dos preguntas que a mí me interesan saber: ¿qué debemos hacer? y ¿qué nos es dado esperar?”, dice.

–Un ejemplo...

–Siempre hubo una disputa entre evolución y creacionismo sobre el origen del hombre que ya fue zanjada. Dios puede haber creado un mundo en evolución. Hay diversos planos de interpretación del sentido de la creación, las ciencias naturales no pueden responder el para qué ocurrió, pero sí responder qué ocurrió.La antinomia razón y fe es fruto de un gran malentendido, del que creo que la Iglesia tiene gran responsabilidad. En la modernidad, cuando florecen las ciencias y surge la autonomía de la razón, comienza una lucha de poder y la Iglesia quiere conservar ese poder. Hubo una mala comprensión de que la ciencia venía a disputarle el cetro del saber a la teología. Y una mala comprensión de la teología como la poseedora de las respuestas para todo.

–Primero corrió a la Tierra del centro del Universo, luego al hombre del centro de la naturaleza. ¿A medida que la ciencia avanza no va acorralando a la religión?

–No. Favorece el diálogo entre ciencia y religión. Mientras más preguntas responde la ciencia, obliga a la teología a replantearse sus preguntas y respuestas. El ejemplo de nuevo es la creación. Si uno mira el relato de la creación en el Génesis, se da cuenta de que claramente es un mito. No es ni histórico ni científico. Sólo dice que Dios ha intervenido en la creación y se muestra como amigo del hombre, lo demás es un ropaje.Hay una verdad de salvación para el creyente, que está más allá de si la ciencia avanza.

–¿Por qué persiste esta antinomia ciencia-fe?

–Hay un imaginario primitivo del conocimiento con una sola dimensión. Hace falta un trabajo grande de ilustración en la Iglesia, desde la homilía hasta la catequesis, para ayudar a una mejor compresión del acto creyente para distinguirlo del resto de los conocimientos.

Diálogos

–¿Qué preguntas le puede hacer la religión a la ciencia?

–Puede ser un interlocutor más de la ciencia. Por ejemplo: ¿qué hacemos con la vida humana? ¿Es lícito que yo cree vida para sanar a un hermano? ¿Se puede ayudar a una persona a morir? ¿Qué sentido tienen las riquezas, la acumulación y el capitalismo? ¿Quién tiene la última palabra, los verdugos o las víctimas? No es querer una tutela sobre la ciencia, porque eso es la premodernidad.

Muchas veces la Iglesia quiere ser la monitora de la sociedad. No puede pretender eso. Debe ser un interlocutor más. La Iglesia no debe marcarle la cancha a la ciencia.

–¿Y al revés? Ahora hay muchos científicos que investigan a Dios desde las neurociencias.

–El hecho religioso es un fenómeno humano. El acto creyente en algún lugar impacta en nuestra mente. En el cerebro hay un espacio para la religión. Por ejemplo, la crítica del psicoanálisis a la religión ayuda a preguntarnos qué Dios estamos fabricándonos. A veces descubrimos que creamos un ídolo, una proyección del padre de la tribu, un tótem que impone el terror. Es positivo que la ciencia estudie el hecho religioso, para indagar en la racionalidad que hay detrás del acto creyente.

–Algunos investigadores plantean que la religión es sólo una ventaja evolutiva del hombre...

–Está bueno. La capacidad de simbolizar del hombre es una ventaja evolutiva. Nos diferencia de los monos. Para nosotros, entregarle una rosa a alguien también es un acto de amor además de lo que estoy haciendo.La religión tiene mucho que ver con esta capacidad de simbolizar. No por nada en Antropología se dice que hay ser humano cuando hay señales de que se honran a los muertos, otra capacidad de simbolizar.

–¿Hay evidencias científicas de que Dios existe?

–No hay ni las va a haber, como tampoco de que no existe. El agnosticismo es una postura de honestidad intelectual. Desde la experiencia creyente se pueden encontrar signos de que hay alguien más, además de nosotros. Quien llega a la conclusión de la existencia de Dios lo hace a través de una experiencia que lo conmueve.

–¿Y los milagros no son evidencia de Dios?

–Allí la ciencia debe acreditar que ocurrió algo que no tiene explicación natural, es sobrenatural. Pero para acreditar santidad no sólo se necesita el milagro sino que debe haber santidad de vida. Una persona que ha ayudado a los demás. Si hay un testimonio de que Dios existe, es que haya personas que aman a los otros.

El lenguaje de Dios

Dijo Galileo Galilei, el padre de las ciencias moderna: “Las matemáticas son el alfabeto con el cual Dios ha escrito el Universo”. Pero Velasco confiesa que las matemáticas no eran su fuerte cuando cursó la primaria y secundaria en el Colegio Gabriel Taborín.

–¿Le gustaban las ciencias?

–Biología y Física, creo que porque tenía buenos profesores. Pero después me gustó más Historia y Ciencias Políticas.

–¿Si no hubiera sido sacerdote habría sido científico?

–No. Hubiese estudiado Ciencias Políticas.

–¿Qué ve más, canales de ciencia o religiosos?

–A veces veo algo en Discovery. Los canales de televisión religiosos no porque son muy aburridos. Me gusta mucho Dr. House.

–Pero es un personaje de los más ateos...

–Sí. No cree en nada, pero es un cocktail muy bueno, porque es un tipo muy lúcido, que busca la verdad, es cínico y cáustico. Pero por el otro lado, es una persona muy vulnerable. Y es un científico.

–¿Se reunió más con el arzobispo Carlos Ñáñez o con el ministro de Ciencia de Córdoba, Tulio del Bono?

–Con Tulio del Bono. La razón es que tenemos mucha agenda común en ciencia y tecnología.