Flojos en “mate”, pero bien en pilchas y pelo
Mucha gente manda al hijo a salita de 3 para asegurarle banco, que no se mueva de ese colegio hasta que vaya a la universidad, se case o deserte. Rosa Bertino.
Cada tarde, el centro cobija un espectáculo recomendable: estudiantes secundarios que salen del colegio y se arremolinan en las paradas. Circulan en grupos y dejan una estela de olores y frases. "La de 'mate' me surtió, ¿viste?". "'El Nardo' se transó a la Romina, qué bardero". "¿Mañana?… No way , tengo que cuidar a mi hermanito". "Me redolió, boluda… eso… nada, boluda, nada". Cuesta entender el significado de esos mensajes unimembres, casi guturales. Salvo que se les vea el escudito, también es difícil distinguir a qué colegio van. Da lo mismo el "Monse" que el Balseiro o las Teresas. Todos usan uniforme, aunque más los uniforma la forma de producirse y comportarse. Esta época es el colmo de la paradoja. Los varones usan pelo largo, con complicados flequillos y copetes. Adiós a la gomina y la raya a la derecha. Y ellas, nietas e hijas de mujeres que temblaban de frío porque los pantalones estaban prohibidos, hoy andan con polleritas que apenas les cubren el traste. Lo que antes era obligatorio, hoy también lo es, pero distinto. Notas. El desparpajo adolescente es universal. Por un lado, es gratificante saber que nadie los reprimirá. Quien logra entender sus conversaciones, encuentra que en realidad están hablando las cosas que antes se callaban. Por el otro, nada de esto implica que aprendan o estudien más. Es decir, la cosa no pasa (sólo) por la represión, como creímos durante tanto tiempo. Hay otros componentes. Frenesí. A esta altura del año comienza la búsqueda frenética de un buen colegio. Esto no deja de ser alentador, por parte de una sociedad más atenta a "vivir el día" que a la formación de sus hijos y la seguridad de sus ancianos. La preocupación suele agotarse en encontrar "el" lugar, para luego desentenderse del chico y del viejo. Pero los sociólogos aseguran que la franja entre 30 y 50 y pico de años lleva la peor parte, porque debe ocuparse de sus menores, sus mayores y sus discapacitados. Antes, a esa edad, los padres ya habían muerto. Hoy tienen hasta los abuelos vivos. Antes, la educación no era problema. Hoy lo es. Hereditaria. En el tercer milenio, la escuela se ha vuelto hereditaria. Mucha gente manda al hijo a salita de 3 para asegurarle banco, que no se mueva de ese colegio hasta que vaya a la universidad, se case o deserte. Se oyen comentarios que duelen en el alma. Lo que no pudieron los "milicos", se da en democracia. Por ejemplo, minar bastiones educativos. "No pienso mandarlo al Manuel Belgrano, porque no es ni la sombra de lo que era; ahora se la pasan de paro…", comentaba un hombre de mediana edad.Peor es lo que pasa en Capital, con una veintena de establecimientos ocupados por problemas edilicios o por internas. No se salva ni el Nacional de Buenos Aires, otrora cuna de presidentes, científicos, artistas. ¿La plata tiene la culpa? O, dicho al revés, ¿esto se soluciona con plata? La respuesta es no.

