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“En educación, Argentina sigue con mejores notas que Brasil”

Entrevista a Ana Lúcia Gazzola, educadora brasileña. Destaca que nuestro país tiene una tasa más alta de jóvenes en las universidades.

25 de abril de 2010 a las 12:01 a. m.
“En educación, Argentina sigue con mejores notas que Brasil”

Visitante ilustre de la Casa de Trejo, la brasileña Ana Lúcia Gazzola participó de las actividades organizadas por las universidades Nacional y Católica en el Año del Bicentenario. La actual secretaria de Desarrollo Social de Mina Gerais fue rectora de la Universidad Federal de ese Estado. Luego ejerció como directora del Instituto Internacional para Educación Superior en América Latina y Caribe (Iesalc), dependiente de Unesco.

Gazzola es una apasionada de la gestión educativa. Cree que la educación superior debe atraer y retener a una población más numerosa y heterogénea. De lo contrario, es probable que Latinoamérica trabaje para la “internacionalización predatoria”. Así llama a los que se llevan a los mejores recursos humanos que a nuestros países les costó formar. Sobre éste y otros temas dialogó con La Voz del Interior.

Mentiras y verdades –En 1998 se realizó la Conferencia Mundial pro Educación para Todos, convocada por la Unesco. ¿Qué mejoró a partir de esa declaración?

–Tiene razón al pedir resultados concretos. Pero no olvidemos que la finalidad de esas reuniones es fijar metas, lograr consensos. Más de 150 países suscribieron la declaración, entre ellos Argentina, Brasil y Uruguay. Se logró que la Educación Universal Básica figure en la agenda de los firmantes. Que las casas de altos estudios sean más funcionales, progresistas e inclusivas. Es cierto: no son valores nuevos. Pero ahora la opinión pública asume que la educación superior (ES) es un objetivo irrenunciable, además de una inversión que beneficia a la juventud y a su país.

Para llegar a la ES hay que completar el nivel medio, o sea que está todo integrado.

–Sin embargo, las estadísticas señalan que uno de cada dos argentinos, de entre 20 y 24 años, no cursa nada…

–¡Pero hay uno que sí lo hace! En Brasil, en esa franja estudian sólo tres jóvenes de cada 10. Y eso que hemos progresado. La media latinoamericana de la ES ronda el 32 por ciento, con países que están muy por debajo. Es que, a pesar de todo, Argentina sigue sacando mejores notas que Brasil. Esto demuestra cuán engañosa puede ser la macroeconomía: somos una potencia, el mundo nos aplaude, los doctorados funcionan bien... pero tenemos 1.700.000 analfabetos. Esto equivale al 10 por ciento de nuestra población, mientras que sólo el 2,5 por ciento de argentinos no sabe leer ni escribir.

Piedras en el camino–Hace tres años largos se anunció la creación de una Universidad del Mercosur, en un enclave entre Paraguay, Argentina y Brasil. ¿Qué pasó?

–Reconozco que mi país no supo manejar el tema, y que debemos aprender a negociar. Una universidad de esas características estaría ubicada en una zona estratégica, y alentaría la captación y retención de los jóvenes más desfavorecidos, geográfica y socialmente. Le aseguro que no nos hemos olvidado.

–¿Qué escollos hay que enfrentar, en Latinoamérica, para tener establecimientos pluralistas y eficientes?

–Demos gracias que sean comunes a todos nuestros países. La corrupción y la discontinuidad política son grandes enemigos de la educación. La primera es más vasta y perniciosa de lo que solemos creer. La fragmentación socioeconómica es igualmente perjudicial. Poca gente se da cuenta de que la Universidad es parte de un contexto, y que sus desafíos son los desafíos de la Nación.

–El mercado laboral no ayuda. Es desalentador sacrificarse sin perspectivas personales y económicas.

–Este es un problema a atacar desde diversos flancos. Hay que reforzar la orientación desde el nivel medio. La mitad de nuestros jóvenes se sigue inclinando por medicina, humanidades, ciencias jurídicas, carreras empresariales y de gestión. Pero  faltan ingenieros. Los pobres sueldos y condiciones de trabajo son retardatarios. Es la causa de la erosión intelectual en nuestra tierra. Tanto, que debemos ajustar los posgrados en el exterior. Muchos estudiantes y egresados pagan fortunas por aprender afuera, porque les facilita quedarse. Sin embargo, EE.UU. no completa la titulación ni la homologa hasta que el recibido no haya hecho una devolución mínima de dos años en su país. Si ellos lo hacen, ¿por qué no nosotros?

–¿A todo esto apunta la política compensatoria por la que bregan usted y otros especialistas?

–Efectivamente. Forma parte de la propuesta elaborada en Cartagena. Tenemos que traer profesores invitados, porque es lógico que los jóvenes quieran ser parte del mundo global y desarrollado. Hay que implementar doctorados “sandwich”, que se completen necesariamente en el país de origen. Sobre todo, hay que insistir mucho en políticas internas. Dar cursos de nivelación, de idioma, becas y actividades. El alumno tiene que sentirse parte de su universidad, porque es ser parte de su patria. Hace rato que en Latinoamérica producimos mano de obra calificada (y también de la otra) para el exterior. “Exportamos” inteligencia, sin que nadie nos pague y con todos los costos a cargo nuestro. El peor caso es el de Haití, que antes del sismo ya tenía el 80 por ciento de su juventud viviendo en el extranjero. Ecuador iba por el mismo camino. Y ni hablar del resto de Centroamérica. Tenemos que revertir ese panorama.

Quién es Ana Lúcia Gazzola es diplomada en Letras, con maestría en Literatura Luso-Brasileña y Latinoamericana y doctorado en Literatura Comparada (Universidad de Carolina del Norte, EE.UU.).ProfesiónActual secretaria de Desarrollo Social de Mina Gerais (Brasil). Fue rectora de la Universidad Federal y directora del Instituto Internacional para Educación Superior en América Latina y Caribe (Iesalc).