Una solución progresiva
Hay un trabajo doméstico no remunerado que, en Córdoba, recae sobre más del 80 por ciento de las mujeres y que a duras penas es compartido parcialmente por uno de cada dos varones. Se perpetúa la inequidad laboral entre varones y mujeres
La desigualdad entre los géneros sigue vigente, aunque la sociedad y las autoridades parecen estar tomando conciencia del problema.
No se trata de un problema local, sino global. Por eso, en una nueva celebración del Día Internacional de la Mujer, habrá un paro de mujeres en unos 35 países, incluida la Argentina.
No es la primera vez que se hace, pero es la primera que adopta estas características. En 1975, las mujeres de Islandia se tomaron un “día libre” de tareas domésticas y marcharon por las calles de Reikiavik. Los varones debieron quedarse en casa, a cargo, entre otras cosas, de los niños y la cocina. Entonces, los bancos, las empresas y muchos negocios no pudieron abrir sus puertas porque no contaban con sus empleados.
Allí está una parte del problema: hay un trabajo doméstico no remunerado que, en Córdoba, recae sobre más del 80 por ciento de las mujeres y que a duras penas es compartido parcialmente por uno de cada dos varones.
Pero mientras las mujeres dedican unas seis horas diarias a los quehaceres de sus casas, los varones que asumen alguna responsabilidad en el hogar no destinan más de tres.
En el mercado laboral cordobés, las desigualdades se registran en todos los planos. El desempleo y la informalidad son mayores entre las mujeres que entre los varones: alrededor del 20 por ciento de las mujeres menores de 30 años están desocupadas y la principal ocupación femenina (20 por ciento) es el servicio doméstico, rubro en el cual el 70 por ciento de las trabajadoras no están registradas, lo que quiere decir que no cuentan con obra social ni aportes jubilatorios.
En términos salariales, las mujeres de Córdoba reciben sueldos entre un 25 y un 30 por ciento más bajos que los varones.
Por supuesto, hay muchas mujeres que contratan a mujeres en estas condiciones desfavorables.
El tema es complejo. No será fácil encontrarle la vuelta. Pero hay que construirla, de manera coherente y progresiva. Se requiere una solución que tenga en cuenta lo cultural, pero que también impacte en lo político y en lo económico.
La dirigencia política y social que reclama un fuerte compromiso en la lucha contra la pobreza debe darse cuenta de que la desigualdad laboral entre varones y mujeres es un punto clave: bajos salarios e informalidad son la combinación perfecta para generar condiciones de pobreza.
Si a esa situación se agrega que en la mayoría de los hogares monoparentales los hijos quedan a cargo de sus madres, aparece en escena el otro actor principal de la pobreza: los niños. Perder tiempo en vez de actuar sería otro signo de machismo.

