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Una nueva oportunidad

La idea de elegir a la máxima autoridad universitaria por voto directo no es nueva. Anteriores gestiones supieron hacer campaña prometiendo implementarla, y no cumplieron.

22 de noviembre de 2016 a las 12:51 a. m.
Una nueva oportunidad

Tras la suspensión de la Asamblea del sábado pasado en la Universidad Nacional de Córdoba, las agrupaciones estudiantiles opositoras decidieron levantar la toma del Pabellón Argentina y el rector Hugo Juri renovó la propuesta de diálogo a los sectores que se resisten a debatir su proyecto de elección directa de autoridades. El encuentro está previsto para mañana e implica una nueva oportunidad para encontrar un punto de acuerdo.

La idea de elegir a la máxima autoridad universitaria por voto directo no es nueva. Anteriores gestiones supieron hacer campaña prometiendo implementarla, y no cumplieron. A pocos meses de asumir, Juri buscó poner en discusión un mecanismo factible para hacerla realidad, en la fallida Asamblea del pasado fin de semana.

El esquema de elección directa que promueve Juri se basa en una elección por ponderación simple; es decir, sólo por claustros. Los opositores prefieren una ponderación doble. Entonces, si todos están a favor de la elección directa, pero difieren en el sistema electoral, ¿por qué no pueden arribar a un punto que satisfaga relativamente a todas las partes?

La necesidad de una reforma ha sido reconocida por todos los sectores: el método indirecto vigente está agotado; no da para más. Esta es otra coincidencia importante. Sólo ha favorecido, para decirlo crudamente, la rosca política; no el debate y la definición de un proyecto universitario maduro que vaya más allá de las urgencias del cortoplacismo, para superar el pragmático toma y daca que sólo busca asegurar los votos necesarios para ganar la Asamblea.

Todo sistema electoral es perfectible; por eso mismo, modificable. La historia de la democracia lo demuestra, aquí y en cualquier otro país o en cualquier organización social que elige a sus autoridades a través del voto de sus miembros. Por lo tanto, es secundario. Lo sustantivo es tomar la decisión a favor de la elección directa.

Por supuesto, el camino para alcanzar ese consenso es el diálogo; no el enfrentamiento. Levantar una empalizada para asegurar el lugar de reunión y que un grupo minoritario ocupe el recinto para impedir el funcionamiento de la Asamblea son dos imágenes penosas, que no deben repetirse. Por lo tanto, el sábado pasado no ganó nadie. Perdieron todos los sectores universitarios. También la sociedad.

Sólo el diálogo respeta los principios democráticos más elementales, fomenta la racionalidad y privilegia la búsqueda del bien común. Eso sí: el diálogo exige a todos los participantes estar dispuestos a ceder en algo, a desplazarse desde su posición inicial hacia el punto de encuentro que define el intercambio de argumentos y razones. Ese es el comportamiento que la sociedad espera de quienes proponen una nueva reforma de nuestra universidad.