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Una dictadura anunciada

Crisis en Venezuela. Venezuela es el mal ejemplo de lo que les espera a las naciones cuando sus instituciones flaquean. Por decreto, la Constituyente de Maduro se impone sobre todos los poderes públicos

10 de agosto de 2017 a las 12:51 a. m.
Una dictadura anunciada

Nadie parece haber reparado a tiempo en el evidente curso de colisión que el régimen venezolano liderado por Nicolás Maduro emprendió hace ya mucho. O, cuanto menos, se prefirió apostar a que esa brasa candente sería remediada por los mismos interesados, mientras que no pocos vecinos de la que fue una opulenta democracia petrolera defendían un cuadro de cosas que les permitía obtener petróleo barato.

Pero ya sucedió: con los peores augurios cumplidos, una Latinoamérica lenta, y por momentos cómplice, se pregunta ahora cómo desandar ese camino que parece no tener retorno.

La Asamblea Constituyente que el chavismo se autovotó a espaldas del rechazo de buena parte de la sociedad venezolana ya comenzó a ejercer los poderes de un absolutismo que se asignó por cuenta propia, a los efectos de legislar cuánto poder tendrán los otros poderes; o sea, ninguno. Y le ordenó al Legislativo, en franca rebeldía dada su mayoría opositora, que se someta.

Pero esto no comenzó ayer: a caballo del fracaso del experimento democrático venezolano, fundado en mucho petróleo y escasa honorabilidad de sus gestores, Hugo Chávez emergió como una versión funambulesca de ese pasado caudillesco que caracteriza a la región. Sus modos deslumbraron a un progresismo que se deja conquistar fácilmente, sobre todo cuando conlleva reconocimiento y empleo.

Antes, cuando todas las alarmas estaban ya encendidas y Nicolás Maduro iba velozmente de la incompetencia al ridículo, la Organización de Estados Americanos (OEA) había dado muestras de su escaso interés por hacerse cargo de un problema que ha pasado de la categoría regional a continental. Y el Mercosur padeció las consecuencias del internismo del Frente Amplio Uruguayo, tanto como de la falta de autocrítica del Gobierno boliviano.

Hoy Venezuela está casi sola, pero ya es tarde: al régimen sólo le resta la carta de una mayor dureza, mientras el pueblo padece las consecuencias que son producto de la miseria y del aislamiento. Ya no hay dudas: Latinoamérica tiene otra dictadura, una que engrosa su largo historial en la materia.

Dilema para izquierdas vergonzantes, Venezuela es el mal ejemplo de lo que les espera a las naciones cuando sus instituciones flaquean. Y exhibe el retrato de los respaldos que aún cosecha de amigos interesados, mientras algunos esperan que Cuba haga algo, como si la solución pudieran ofrecerla quienes son parte del problema.

Hay, empero, una buena noticia para dar: una oposición por momentos incoherente ha decidido participar en las próximas elecciones de gobiernos provinciales, la mejor de las vías posibles, a la espera de que a Maduro se le ocurra otra cosa para mantenerse en el poder.