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Una campaña distinta

Tanto la sociedad como los partidos políticos deben escuchar el pedido de madurez de la Iglesia Católica y afrontar las elecciones con responsabilidad democrática y sin agravios.

22 de marzo de 2015 a las 12:01 a. m.
Una campaña distinta

La Iglesia Católica solicitó a los partidos políticos que asuman la inminente campaña electoral "en madurez". Esto significa pedirles "que se traten con respeto y cordialidad, por cuanto no son enemigos sino adversarios circunstanciales". Al día siguiente de la elección, deberán "continuar dialogando y trabajando juntos por el bien común". El mensaje hace centro en la elección presidencial, pero es extensible a las municipales y provinciales. Es claro y contundente, y se nutre de la lógica y del sentido común. Respeto, cordialidad, diálogo y trabajo conjunto deben ser los principios insoslayables de la acción política democrática, siempre y en cualquier sociedad.Argentina se ha desviado de la norma y ha cultivado, en su lugar, el maltrato, las declaraciones infamantes y la representación del adversario como enemigo, de modo tal que hasta el diálogo más trivial se vuelve imposible.La sola idea de alcanzar acuerdos básicos sobre convivencia política, sobre las reglas de juego que limitarán el accionar de los partidos o sobre programas de gobierno es vista como una "negociación espuria", que merece ser condenada de antemano. Pues bien, la Iglesia nos está advirtiendo sobre la necesidad de hacer de las elecciones de 2015 un punto de inflexión cultural que nos devuelva al marco de principios y valores del que nunca debimos salirnos.El bien común se construye entre todos, diálogo mediante. Y sólo se dialoga y se acuerdan principios básicos –que solidificarán con el tiempo– con aquellos a quienes se reconoce como diferentes y son respetados en tanto tales.El "nosotros" indispensable para la construcción social es de carácter inclusivo: demanda la participación de diferentes subjetividades en igualdad de condiciones. El "nosotros" que se construye desde el agravio político permanente a un "ellos", contra el cual se define, es de naturaleza excluyente y agresiva, y por eso tiene que ser desplazado de la escena política.En ese marco, y para ser específicos en la interpretación de la demanda expresada por la Iglesia, las distintas agrupaciones políticas no debieran caer en la desvalorización de los otros candidatos, sea con agresiones verbales, con "chicanas" políticas o con las contrapropagandas que se han vuelto habituales y en las que se busca deslegitimar la candidatura de un oponente a través de afiches que nadie firma.En otro sentido, cada candidato y sus fuerzas de apoyo debieran ser conscientes del valor sustantivo de la palabra pública y no convertir sus apariciones en una sarta de promesas demagógicas. Si entre todos pudiésemos garantizar que la próxima campaña electoral se desarrollará bajo estos preceptos, estaríamos creando las condiciones necesarias para la elaboración colectiva de un proyecto de sociedad en el que todos tengamos voz y voto.