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Un té demasiado amargo

El Tea Party es un trago amargo,no sólo para EE.UU., porque reaviva sus peores pulsiones: el racismo y la xenofobia.

10 de septiembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Un té demasiado amargo

La ofensiva ultraconservadora contra el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha alcanzado una inusitada agresividad con el llamado "Tea Party", que reunió en Wa-shington a más de 200 mil personas en el mítico monumento a Abraham Lincoln, donde precisamente floreciera la protesta de los negros. La cara visible es Sarah Palin, ex candidata a vicepresidenta de la Nación junto a John McCain. Puede parecer paradojal pero, desde que logró que el Congreso votara su audaz reforma sanitaria, que permite la incorporación de más de 25 millones de personas al sistema de salud, la imagen del mandatario demócrata no ha cesado de resquebrajarse. Los republicanos, que nunca se caracterizaron por discursos mesurados contra sus adversarios, sobre todo si son progresistas, en esta oportunidad utilizan munición gruesa.Así, le imputaron al jefe de la Casa Blanca el haber dilapidado billones de dólares en el rescate de la banca y el seguro, tras el estallido de la burbuja inmobiliaria, olvidando prolijamente que los principales beneficiarios de ese socorro financiero fueron en su inmensa mayoría ciudadanos blancos, porque la minoría negra sigue careciendo de posibilidades de acceder a préstamos e hipotecas de hasta segundo y tercer grados por sumas de seis cifras.También le acusaron los ultraconservadores de reinstaurar el welfare state (Estado del bienestar), que en la década de 1930 permitió a Franklin Delano Roosevelt reducir los elevados costos sociales del crac de Wall Street de 1929, y que en su momento los conservadores recalcitrantes denunciaron como el más perverso de los intentos de instaurar el comunismo en Estados Unidos.La estulticia de las acusaciones llegó a un extremo cuando el periodista radial Rush Limbaugh afirmó: "El imán Hussein Obama es el más antinorteamericano de los presidentes de nuestra historia. Arruinará la economía con sus ideas socialistas y llevará a las estrellas el débito público, para subvencionar con el welfare state a los negros que no tienen ganas de trabajar". Dijo, además, que sus siniestros designios incluyen reemplazar la Constitución por la sharia musulmana (cuerpo de derecho islámico).Si algo caracteriza a los ultraconservadores es su paranoica desmemoria. El demócrata Bill Clinton saneó la economía y dejó un superávit de más de cinco mil millones de dólares, tras haber conducido al mundo a la década de crecimiento más sustentable de la historia. Hazaña que su sucesor en la Casa Blanca, George W. Bush, transmutó en siderales déficits, superiores a los 500 mil millones de dólares anuales.El "Tea Party" es un trago demasiado amargo, no sólo para Estados Unidos, porque reaviva las peores pulsiones: su racismo y xenofobia. La superpotencia está dejando de serlo y alguien tiene que pagar por ello. De modo providencial, los negros y los latinos están al alcance de las manos.