Un millonario peligroso
El precandidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos Donald Trump no representa sólo una amenaza para su propio país, sino para el equilibrio de las relaciones internacionales.
Desde una cruzada contra los latinos a la construcción de una gran cerca en el sur de Estados Unidos, pasando por un fuerte sexismo o la admiración por el déspota coreano Kim Jong Un ("porque mató a quien hizo falta"), nada parece escapar al radar de Donald Trump, hoy el candidato republicano mejor posicionado para las próximas elecciones generales en Estados Unidos. El magnate ha pasado de personaje mediático y folclórico a seria preocupación en la política de la mayor potencia mundial, donde muchos se preguntan si, como en el huevo de la serpiente, lo que se transparenta es apenas una pequeña porción de lo que luego emergerá.Nadie debería tomarse a la ligera a Trump, una especie de Lázaro del capitalismo, capaz de volver de la quiebra para aleccionar a propios y extraños sobre el arte de triunfar en los negocios sin demasiada inversión en gentilezas.Y lo ayuda un patrimonio que la bien informada revista "Forbes" estimó en 4.100 millones de dólares. Quienes piensan que para dedicarse a la política hay que ser millonario, al menos en este caso no se equivocan.Aquellos que no lo toman en serio ven en Trump a un oportunista agigantado por la evidente crisis de liderazgo del partido republicano, sumido en fuertes divisiones internas, y asumen su discurso racista, xenófobo y confrontativo como una elección deliberada y exitosa de su mercado electoral, en una sociedad donde son mayoría los que creen que nadie debería hacer nada por nadie nunca.Otros, en cambio, comienzan a alarmarse como si estuvieran frente a un ciego con una pistola e intuyen que siempre las declamaciones infortunadas preceden a las decisiones equivocadas, aun los demócratas que veían a un contendiente de tal calibre como el sparring ideal para Hillary Clinton y hoy se preguntan si entre todos no han construido a un monstruo incontrolable. Es cierto que nadie aprende de las lecciones de la historia. Y es una pena, porque si lo hicieran tomarían en cuenta que el veterano presidente alemán Paul von Hindenburg consideraba que Adolf Hitler era un payaso y lo ridiculizaba sosteniendo que podría ser un buen ministro de ferrocarriles. Al punto de haberle ofrecido la cancillería del Reich en enero de 1933."Piensa en grande y patea traseros en los negocios y la vida", ha titulado Trump a uno de sus libros, casi una plataforma de gobierno. Y Estados Unidos ya tuvo a cowboys instalados en el salón oval, tales como Ronald Reagan y George Bush.Eso es justamente lo que el mundo hoy no necesita, un vaquero, sino todo lo contrario, alguien con sentido común. Y Trump no ignora, a su vez, que en este mundo no pocos piensan como él: allí radica el peligro que la política con mayúsculas debería tratar de sortear.

