Triunfo del realismo en Europa
Angela Merkel flexibilizó su posición en materia de recapitalización de la banca europea en problemas, lo que aleja, o al menos posterga, el agravamiento de la crisis en el seno de la UE.
Finalmente, Alemania apoyó un plan para recapitalizar la banca privada, luego de que la crisis del Banco Dexia, uno de los más importantes de Bélgica, integrado por capitales franceses y belgas, amenazara con extenderse al sistema bancario europeo. El Dexia ya había sido rescatado en 2008, cuando afrontaba el riesgo de quiebra por su alta exposición a "hipotecas basura". Ahora está hundido en una crisis mayor, que amenaza a los sistemas bancarios de Francia y Bélgica, porque acumuló 95 mil millones de euros en activos tóxicos, de los cuales 21 mil millones corresponden a bonos soberanos de Grecia, cuya depreciación representa ya una pérdida del 50 por ciento. París y Bruselas dan como prácticamente perdidos los 6.500 millones de euros inyectados hace tres años.Pero aplicar 95 mil millones en un nuevo rescate supondría para ambos una sangría insostenible, en momentos en que la Unión Europea (UE) exige el cumplimiento de los topes fijados a sus países miembro por los tratados de Maastricht: déficit presupuestario anual inferior al tres por ciento del producto interno bruto (PIB) y endeudamiento no mayor de 60 por ciento del PIB. La canciller alemana, Angela Merkel, se había opuesto a cualquier asistencia financiera para proteger las aventuras bursátiles, porque esa ayuda terminaría siendo pagada por todos los habitantes de la UE. El presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, compartió por un tiempo esa posición, pero se ha deslizado hacia una mayor flexibilidad al advertir que los principales bancos de su propio país se encaminarían también hacia el colapso. Axel Weber, presidente del Bundesbank y considerado indiscutible sucesor del presidente del Banco Central Europeo (BCE), Jean-Claude Trichet, cuyo mandato terminará el mes próximo, renunció como protesta por la decisión de Trichet de poner a disposición de los bancos en problemas una liquidez prácticamente ilimitada (compró bonos riesgosos por 156.500 millones). Pero las actitudes impregnadas de rígida ortodoxia eran una especie de salvavidas de plomo para los bancos que naufragan. De una u otra manera, hasta los países que, como Alemania, la profesan con firmeza, pagarían la factura. De ahí que Merkel decidiera el miércoles último urgir a la UE a implementar un plan urgente para recapitalizar a la banca. La decisión contó con la inmediata aprobación del Fondo Monetario Internacional (FMI), cuyo portavoz asistente David Hawley afirmó ese mismo día: "Compartimos la preocupación del BCE de que existen riesgos a la baja en las perspectivas económicas como resultado de las tensiones financieras, y por eso respaldamos plenamente la anunciada extensión de la liquidez". Un apoyo tan preocupante como la propia crisis de exposición aventurera, por provenir del Fondo.

