Sólo un primer paso
La clausura de Dioxitek, la empresa que trabaja con material radiactivo en Alta Córdoba, debe ser complementada con medidas de seguridad ambiental aun más profundas.
La Municipalidad de Córdoba acaba de ratificar que la empresa Dioxitek no podrá funcionar en el barrio de Alta Córdoba y que deberá ser relocalizada en otro lugar de la provincia o del país. Esta empresa, formada en un 99 por ciento por la Comisión Nacional de Energía Atómica (Cnea) y el uno por ciento restante por la Provincia de Mendoza, se dedica a la elaboración de dióxido de uranio, una materia prima que se utiliza para la producción y el refinamiento de combustibles dedicados a las centrales nucleares del país y para fabricar fuentes selladas de cobalto 60, de diversos usos medicinales e industriales.El viernes pasado, la Municipalidad clausuró las instalaciones de Dioxitek por violar la ordenanza del suelo y porque se vencieron los plazos para su traslado, dispuesto por una ordenanza dictada en 1994 por el entonces intendente Rubén Martí. Desde esa fecha, se sucedieron anuncios sobre el nuevo sitio para instalar la empresa. Se habló de Despeñaderos y Los Gigantes, en la provincia de Córdoba; de San Rafael, en Mendoza, y de La Rioja, pero todos rechazaron la oferta.Las entidades que agrupan a los profesionales de la Cnea y la delegación local de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) advirtieron sobre los riesgos de pérdida de fuentes de trabajo y los enormes perjuicios que puede causar el cierre de Dioxitek a la capacidad estratégica nuclear del país, y solicitaron a la Municipalidad una inmediata revisión de la medida.Se trata de un problema de difícil resolución, dado el papel fundamental que tienen las centrales nucleares en los países industrializados, habida cuenta del agotamiento progresivo de las reservas de energía natural. Pero nadie duda del riesgo que entraña una planta de este tipo en medio de una ciudad de más de un millón de habitantes. Y preocupa que en 18 años desde el dictado de la ordenanza que obliga el traslado no se haya concretado esa imprescindible mudanza.Hay muchas y muy diversas opiniones al respecto. Para el biólogo Raúl Montenegro, es una medida tardía pero correcta. Afirmó que cuando Dioxitek se vaya de Alta Córdoba, van a quedar desechos que durante décadas se enterraron en el predio. Estimó que hay allí unas 56 mil toneladas de depósitos de mineral de uranio.En términos de prioridades, antes que la política energética de un país se impone la salud de su población. De modo que tras la clausura de Dioxitek queda un largo camino por recorrer para el Estado. Sería absurdo –más que absurdo, suicida– cerrar las puertas de la planta de Alta Córdoba y olvidarse del asunto.Lo que falta hacer es aun más difícil: hay que minimizar el riesgo de una eventual fuga de desechos radiactivos y empezar la paciente, complicada y costosa tarea de limpiar el terreno para garantizar la salud ambiental de las próximas generaciones de cordobeses.

