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Sangre en rutas y calles

Desde la restauración de la Policía Caminera, se logró reducir la mortalidad en accidentes carreteros, pero en paralelo se incrementó la cantidad de muertes en zonas urbanas.

16 de julio de 2010 a las 12:01 a. m.
Sangre en rutas y calles

Que el 9 de julio, Día de la Independencia, haya sido la jornada más trágica en lo que va de este año por accidentes viales en la provincia de Córdoba, resulta inexplicable e insoportable.

Ese día hubo cinco choques y murieron siete personas; y durante el fin de semana largo, el saldo se elevó al doble, es decir 14 muertos.

La reiteración de este tipo de hechos se ha convertido en uno de los problemas más graves para la comunidad entera: el Gobierno provincial, los municipios, los demás organismos de control y la gente.

Porque hay que decirlo con claridad: muchos o la mayoría de estos hechos se producen por irresponsabilidad de conductores y peatones, que no cumplen con las ordenanzas vigentes; que no usan cascos protectores en el caso el caso de los motociclistas; o los cinturones de seguridad, en el de los de los automovilistas y sus acompañantes; o se desplazan en vehículos en mal estado, a alta velocidad o hablando por celulares o bajo los efectos del alcohol o las drogas.

Cuando el Estado no cumple con sus obligaciones y la gente tampoco, se cierra un círculo fatal. No obstante, la mayor responsabilidad siempre corresponde al Estado. No sólo en "las rutas de la muerte" o sea las rutas nacionales o provinciales en las que los automovilistas conducen a altas velocidades o pasan camiones con acoplado cuando las distancias no lo aconsejan, o manejan somnolientos o fatigados.

Se trata también de los accidentes que ocurren en las ciudades y pueblos, sea por las causas señaladas o por el mal estado de las calles o avenidas, por la irresponsabilidad de los peatones o por la falta de control del tránsito.

De hecho, desde la restauración de la Policía Caminera -con sus éxitos y fracasos-, se logró reducir la mortalidad en accidentes carreteros, pero en paralelo se incrementó de modo exponencial la cantidad de muertes en zonas urbanas.

En la ciudad de Córdoba, el control del tránsito no existe y es por ello que a toda hora se ve a automovilistas y motociclistas que cometen todo tipo de infracciones.

Desde hace tiempo se impuso a los motociclistas la obligación de usar cascos protectores, con fuertes penalidades para los que no lo hicieran, y sin embargo -como lo puede advertir cualquier peatón en las calles de Córdoba- la mayoría de las personas que manejan motos lo hace sin casco y hasta se ven biciclos en los que se trasladan tres o más personas.

Lo mismo ocurre en otras ciudades y poblaciones del interior cordobés, por lo que urge que el Gobierno de la Provincia acuerde con municipios y comunas la implementación de normas mínimas de tránsito de cumplimiento obligatorio en zonas urbanas o rurales para intentar reducir esta verdadera pandemia de muertes en calles y rutas.