Una sala y un debate
La posible expropiación del ex Teatro Colón, conocido como "la Piojera", es una oportunidad para debatir las prioridades de la ciudad de Córdoba en materia de gastos públicos y acciones culturales.
La posibilidad cierta de que en los días por venir el Concejo Deliberante de la ciudad de Córdoba apruebe la expropiación del ex Teatro Colón, emblemática sala de barrio Alberdi, abrió un debate, por ahora apenas insinuado, sobre el proyecto cultural de la actual conducción municipal, debate que se hace extensivo a la capacidad de gestión de las autoridades de turno. En efecto, ningún cordobés de buena memoria podría resultar inmune a esa suerte de cachetada nostálgica que implica la recuperación de una sala donde tres generaciones vivieron memorables funciones de cine, acompasadas por el latido de un barrio que supo hacer historia.¿Cómo no celebrar tal acontecimiento en la certeza de que a la ciudad le faltan salas de espectáculos? Pero aquí se presentan los primeros interrogantes: la necesidad de determinar si dicho déficit es real y de saber si el ingreso de la sala al inventario municipal viene acompañado de un plan sobre su futura funcionalidad. Es decir: ¿por qué y para qué?Resulta imposible soslayar que la expropiación se produciría en momentos de escasez en las finanzas municipales, agobiadas por una planta de sueldos elefantiásica y una eficiencia inversamente proporcional.El gesto tendría un costo inicial de un par de millones de pesos, a lo que debería sumarse un eventual juicio millonario de los propietarios. Para peor, el estado de la sala deja tanto para desear como para que una estimación primera del costo de refuncionalizarla ascienda a cuatro millones de la misma moneda.Para aliviar lo anterior, debe aportarse a la discusión que la Ley Nacional de Teatro tiene previsto el apoyo económico a este tipo de rescates, pero no puede marginarse que los auxilios nacionales se conceden en estos tiempos de manera discrecional y con criterio estrictamente político, lo que no es un detalle menor.Puestas así las cosas, podrían ordenarse las prioridades en torno de unas cuentas premisas.En principio, determinar si la sala es rescatable a valores racionales, a menos que se quiera una expropiación pírrica. Conocer el proyecto cultural específico de la gestión mestrista, que aún tiene pendiente la concreción del Instituto de Cultura. Y, fundamentalmente, saber si la misma Municipalidad –que en ocho años, y tres gestiones diferentes, no pudo recuperar aún el incendiado Teatro Comedia– estará a la altura de las circunstancias.Sobre esto, se impone volver la mirada sobre los centros culturales, hoy virtualmente paralizados: el Colón no debería alargar el listado de salas sin mantenimiento ni función conocida.Como se verá, más allá de lo afectivo, que en el caso de "la Piojera" nos involucra a todos, están dadas las condiciones para que se debatan cuestiones de fondo. Bienvenida sea la oportunidad, si es que sabemos aprovecharla.

