Temas del día:

Revolución en la revolución

Raúl Castro avanza sin prisa ni pausa en una revisión en profundidad de la economía centralmente planificada, mientras afianza el gradualismo en el frente político.

10 de agosto de 2010 a las 12:01 a. m.
Revolución en la revolución

El pasado domingo 1º de agosto, el presidente de Cuba, Raúl Castro, anunció al Parlamento su intención de introducir fuertes "ajustes al modelo socialista", pero advirtió que no supondrían "reformas de mercado". Los cambios estructurales tendrán por finalidad reducir el intervencionismo del Estado en el quehacer económico, ampliar los márgenes de negocios de la actividad privada y estimular el cuentapropismo y la contratación por empresas privadas de mano de obra asalariada.

Por cierto, ninguna de esas medidas -tímidas aperturas hacia el mercado- tienden a fortalecer el socialismo y parecen seguir, finalmente, el rumbo de la República Popular China, aunque el castrismo exprese críticas al modelo implantado en la década de 1980 por Deng Xiaoping.

Las reformas laborales tienen el evidente propósito de reducir la gigantesca burocracia cubana, que, según admitió, tiene un excedente de 1,3 millón de personas. La ilusión dieciochesca del socialismo del pleno empleo ha resultado inviable en una economía centralmente planificada, como lo demostró la catástrofe del "socialismo real" en el último cuarto del siglo 20. Casi de manera simultánea se extinguía otro espejismo, pero de signo contrario: la ilusión liberal del empleo de por vida, destruida por la robótica, la informática y la aparición de las corporaciones globales.

Si algunos analistas preveían que las tesis presidenciales agrietaban la unidad monolítica del poder castrista, incurrían en un error. Porque los anuncios de Raúl Castro fueron apoyados por su hermano Fidel con su ausencia de la trascendental sesión del Parlamento. Parece una contradicción, pero no lo es. Porque mientras su hermano hablaba en el Congreso, el anciano líder se reunía con el ministro de Relaciones Exteriores de la República Popular China, Yang Jiechi, con quien habrá compartido reflexiones y experiencias políticas y económicas de sus pueblos.

Raúl Castro fue el primer jefe militar de la crepuscular revolución que auspició la incorporación a la economía cubana de algunos elementos clave del modelo chino, los que impulsaron su transformación en potencia económica.

Pero la expansión económica alienta la aparición de movimientos políticos que reclaman democracia y la gran incógnita es cuánto tiempo prevalecerá el "centralismo democrático", eufemismo de la dictadura monopartido, mal llamada "dictadura del proletariado".

Sobre la base de la experiencia china, Raúl Castro intenta reformas políticas que atenúen la crispación social, como la reciente liberación de opositores, aunque persista en describirlos como "contrarrevolucionarios". Y advirtió que esas excarcelaciones no son síntomas de debilidad, sino exactamente lo contrario. Otra advertencia suya: nada cambió en las relaciones entre Washington y La Habana, "aunque ahora existan menos retórica y más contactos". Que no es poco.