¿Prohibir o permitir?
La despenalización del consumo de drogas está de nuevo en el centro del debate público y debe ser encarada, también en nuestro país, con la responsabilidad y madurez que merece.
El tema de la legalización o despenalización del consumo de drogas está de nuevo en el centro del debate, tanto en Estados Unidos como en América latina.
En el proyecto de presupuesto enviado por el presidente Barack Obama al Congreso, hay importantes recortes de los fondos destinados a los programas antinarcóticos, y en las elecciones norteamericanas de noviembre próximo es posible que nuevos estados se sumen a un levantamiento o una disminución de las restricciones a la circulación de las drogas ilegales.
Trece estados del país del norte han aprobado ya el uso de marihuana con fines médicos o terapéuticos y otros tres los propondrán en noviembre. En la superpoblada California, la legalización de la marihuana perdió en 2010 por sólo el ocho por ciento de los votos, pero este año –por la incorporación de muchos electores jóvenes– es probable que la norma sea aprobada.
La distinción entre drogas blandas y duras siempre ha sido objeto de polémicas, porque para algunos el consumo de las primeras lleva con frecuencia o de modo inevitable al de las segundas. Y, como siempre, se plantea una discusión sobre cómo es mejor abordar el problema para intentar resolverlo.
Hay países europeos donde el consumo de marihuana y otras drogas está permitido y los resultados son hasta ahora alentadores. No hay que caer en la hipocresía: el alcohol es también una droga, al igual que el tabaco, y no están prohibidos, aunque son cada vez más fuertes los controles y las campañas de educación y prevención.
Un experto en lucha contra las drogas de la Universidad de Miami, Florida, dijo en fecha reciente que “hay un creciente cuestionamiento a las políticas antidrogas de línea dura, tanto en América latina como aquí, en Estados Unidos”. Y agregó: “La prevención, la educación, el tratamiento y los programas de rehabilitación son más eficaces que la represión contra la oferta de drogas”.
Se trata, por cierto, de una cuestión con muchas aristas. Una cosa es el consumo de drogas desde el punto de vista de la protección de la salud de las personas y otra distinta la lucha contra los carteles del narcotráfico, que es un problema de seguridad, policial e incluso militar.
Pero incluso respecto de esta segunda cuestión se va delineando una tendencia a eliminar o disminuir el prohibicionismo respecto del consumo de drogas, ya que –según opiniones muy autorizadas– prohibir la droga estimula el narcotráfico ilegal, la violencia e incluso la llamada “narcoguerrilla” o la violencia paramilitar asociada al tráfico de narcóticos.
Es una cuestión a la que se le debe prestar la atención que merece y en la Argentina el Congreso Nacional deberá debatir algún día las distintas propuestas presentadas sobre la despenalización del consumo de drogas.

