Por una nueva reforma
El electo rector de la Universidad Nacional de Córdoba tiene como máximos desafíos democratizar la elección de autoridades, elevar la calidad académica y afianzar lazos con la comunidad.
El recién elegido rector de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), Hugo Juri, tiene en sus manos la posibilidad de concretar la profunda reforma que demanda esa casa de altos estudios. Cuando el rector saliente, Francisco Tamarit, asumió su mandato hace tres años, se comprometió en ese sentido, pero renunció a esos planes con débiles argumentos. Hace demasiados años que la UNC demanda una reforma política de fondo que democratice la elección de sus autoridades. Tamarit se definió, en 2013, como el hombre elegido para ello. No lo hizo. Tal vez ese giro –nunca bien explicado– haya sellado su suerte.La oposición encontró una candidatura que la proyectara al máximo cargo de la Casa de Trejo. Ahora le toca cumplir lo prometido, que no es muy diferente a lo que sostuvo en su momento quien deja el rectorado.Juri se comprometió a llamar a una asamblea universitaria que discuta la reforma política, incluida la cuestión electoral. Aquí pesará no sólo el revés que significó la administración Tamarit, sino también lo simbólico: la elección de la próxima gestión, en 2019, será pocos meses después de que la Universidad celebre el centenario de la Reforma de 1918. Es hora ya de que la comunidad académica acuerde un mecanismo de elección del que nadie se avergüence.Otro desafío no menor, aunque no académico, es recuperar el pluralismo y la calidad periodística que supo caracterizar a los Servicios de Radio y Televisión de la UNC (SRT) y que fueron resignados en los tiempos de la rectora Carolina Scotto. Los fondos que envió el entonces gobierno nacional fueron a cambio de una alineación ideológica sin fisuras, que incluyó la denigración de todo aquel que disintiera con el kirchnerismo.Con todo, no debe olvidarse que la esencia de una universidad remite a lo educativo. Y en este ítem, la UNC también está en deuda con la sociedad. Porque la calidad educativa se resintió demasiado en las últimas décadas; porque la relación que toda unidad académica debe establecer con la sociedad en la que desarrolla su actividad se debilitó y ya no es el referente que supo ser; porque se dejó de lado la divulgación del conocimiento producido en los claustros, al punto que ya no es apreciada por sus miembros, que tienden a poner el acento en la docencia y la investigación –ambas necesarias, pero que requieren de la posterior tarea de informar lo que en esos ámbitos se creó, para que la comunidad no universitaria se nutra del conocimiento que ella genera–.En una informal rueda de prensa, Juri pareció tener bien presentes estas necesidades al mencionar sus planes a favor de una profunda reforma académica y de insertar la voz de la sociedad en los estamentos del gobierno universitario.Si vale el juego de palabras, la Reforma necesita de una nueva reforma. Ya no se puede esperar más.

