Obras inacabadas
En la ciudad de Córdoba, hay demasiadas construcciones –tanto públicas como privadas– sin terminar desde hace años, lo cual revela irresponsabilidad, desidia y falta de control estatal.
Si el pasado europeo puede rastrearse en el esplendor de sus ruinas diseminadas entre Grecia y Roma, por extraña ironía el presente cordobés puede radiografiarse en minutos por los esqueletos de obras nunca terminadas. Dispersas por toda la ciudad, ellas hablan tanto de abandono como de irresponsabilidad pública y privada, y de extrañas coincidencias: un poder concedente que no fiscaliza y la ausencia de controles sobre ese mismo poder. La suma de ambas carencias redondea la imagen de cementerio lunar urbano en el que languidecen y se deterioran las cosas que nunca llegaron a existir. Los cordobeses debemos convivir con esos monumentos a la falta de planificación, viendo cómo los yuyos y la basura van convirtiendo en arqueología contemporánea esos proyectos por los que nadie responde y donde sólo medran los ratones. Y no se trata de uno o dos casos.Un sumario acotado debería comenzar por el silencioso edificio del CPC de barrio Jardín, instalación de la que por ahora se ignora cuándo prestará servicio. Y no deberíamos olvidar –ya que en el terreno público nos encontramos– del abandonado esqueleto del que iba a ser el nuevo edificio del Concejo Deliberante. O del Teatro Comedia, incendiado hace años y de reinauguración anunciada varias veces, reconstrucción que no tiene un costo millonario pero nunca acaba. O del Teatro Colón, emprendimiento que registra un avance singular: se ha procedido a clausurar su acceso, una medida que puede tanto preceder a su rehabilitación como a su demolición.Sólo para no hacerlo más extenso, debería mencionarse al galpón del viejo mercado de abasto, que algún intendente quiso convertir en museo de arte contemporáneo y funge hoy casi como un centro de reciclado de residuos.En el campo privado no se escatimaron esfuerzos para estar a tono: el proyecto de la Antigua Cervecería, paralizado desde hace años, no tiene quién lo gestione ni tampoco quién le exija explicaciones a los responsables. No muy lejos, otro emprendimiento monumental, Capitalinas, exhibe un enorme esqueleto desde hace demasiado tiempo. Tampoco nadie puede precisar cuándo y cómo habrán de encararse las obras en los terrenos del Batallón 141.Y, ya en plan de no agobiar al lector, podríamos preguntarnos por qué se insiste en el discutido proyecto de extender la Costanera hacia el noroeste, mientras no se puede recuperar el tramo clausurado en el sector sur, vedado al tránsito y devenido en basural.La falta de respuestas hermana en estos asuntos al sector público con el privado, mientras se obliga a los cordobeses, a quienes mucho se les exige en materia tributaria, a convivir en una ciudad que atrasa, rodeados por las postales del abandono. Huelga señalar que la ciudadanía merece algo mejor.

