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Necesitamos trabajo competitivo

En este escenario, Argentina no tiene la más mínima opción de entrar en ese ciclo de crecimiento económico al que tanto apuesta Macri para reducir la pobreza. En 20 años, el empleo competitivo se achicó y lo reemplazó el estatal

11 de febrero de 2017 a las 12:51 a. m.
Necesitamos trabajo competitivo

Un estudio realizado por el Ieral (Fundación Mediterránea) deja a la luz el problema principal de la economía argentina: en los últimos 20 años, el empleo privado en empresas en situación de competencia no dejó de caer y, para colmo, fue reemplazado por empleo estatal.

Entre 1996 y 2016, el país fue gobernado por Carlos Menem, la Alianza –UCR y Frepaso y su histórica crisis–, la transición duhaldista, las tres presidencias del 
kirchnerismo y el comienzo de la gestión de Mauricio Macri.

En términos económicos, podríamos decir que ese lapso abarca desde el principio de la recesión –en el marco de la convertibilidad– hasta el sinceramiento de las variables y el gradualismo actual.

Los números son contundentes: en 1996, el 31 por ciento de los empleos del país se ubicaba en el llamado “sector transable”; esto es, producción de bienes y servicios en competencia con el mundo, sea porque compiten contra sus equivalentes importados en el mercado interno, sea porque se exportan a otros mercados. Un ejemplo que remite a las economías regionales serían los vinos.

Pues bien, en 2016 ese sector apenas si aglutinaba al 20 por ciento de los empleos. Su volumen se achicó, entonces, en un tercio. Como contrapartida, el empleo estatal pasó de representar el 12 por ciento de los puestos de trabajo en 1996 al 22 por ciento en 2016. Eso significa un incremento del 85 por ciento.

Para completar la preocupante radiografía laboral argentina, entre estos dos bloques se encuentra el empleo privado de los sectores no transables, o sea quienes producen bienes o servicios con escaso grado de competencia, sea porque no se exportan, sea porque están protegidos de los importados por cuestiones legales o económicas; aquí el ejemplo sería la industria electrónica fueguina. En este caso, se advierte una notable estabilidad: en 1996, nucleaba al 57 por ciento de los empleos y en 2016, al 58 por ciento. Los sectores no competitivos de la economía argentina representan hoy el 80 por ciento de los puestos laborales. Y si se mantiene la tendencia, seguirán en aumento durante los próximos años.

Estamos frente a una muy mala noticia. En este escenario, Argentina no tiene la más mínima opción de entrar en ese ciclo de crecimiento económico al que tanto apuesta Macri para reducir la pobreza.

Tanto el Gobierno como los sindicalistas harían muy bien en pensar cómo se reconfigura en el corto plazo una cultura del trabajo competitivo. Las inversiones, imprescindibles para crear nuevos puestos de trabajo sólo asumirán un compromiso, por lógica, en el sector competitivo. Pero en este contexto, todo parece indicar que les resultará muy difícil dar con los recursos humanos necesarios.