Militancia revivida y envilecida
Un legado rescatable del paso de Néstor Kirchner por la política es su recuperación de la militancia, hoy envilecida por la mediocridad intelectual y pequeñez moral de muchos de sus seguidores.
Una de las huellas más nítidas del paso de Néstor Kirchner por la política es el renacer de la militancia. Un fenómeno que, luego de la tragedia de "los años de plomo", pudo haber sido promovido por el radicalismo alfonsinista desde la cima del poder, pero no era el estilo de su juventud. Es verdad, un pequeño grupo de ella puso el mayor énfasis sobre la construcción de un poder fáctico (fueron los tiempos de difusión de la consigna de que "sin plata es imposible hacer política"). El menemismo, con su aplastante hegemonía, anestesió la militancia, que no debe ser entendida como una mera ocupación de calles o de espacios burocráticos, sino como una escuela de formación cívica. Los partidos políticos, que históricamente debían cumplir esa trascendente misión, se hundieron en dos grandes crisis: la crisis de participación y la crisis de representatividad, en las que algunas corrientes aún permanecen.Kirchner, partiendo de una base de sustentación extremadamente frágil, la amplió con un sentido de liderazgo que sobrepasaba con amplitud su poder real. Y lo hizo retomando la praxis de la febril década de 1970, que se caracterizaba, precisamente, por la conquista de las calles y un discurso vehemente. Obró con notable habilidad, pues su decisión de no reprimir a los piqueteros y hasta apoyarlos de manera abierta, como en el caso del bloqueo del puente internacional de Gualeguaychú, los fue cooptando en forma gradual, aunque algunos de esos movimientos se escindieron luego, por la frustración de sus esperanzas de cambio profundo y acelerado.El reverdecer de la militancia fue uno de los mayores méritos de Kirchner, equiparable al de la rejerarquización de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, hoy demonizada por el kirchnerismo cerril, y la férrea disciplina fiscal con que condujo la economía. El cruce relativamente sereno de la reciente crisis financiera internacional se explica en gran medida por el fondo anticíclico que acumuló con determinación. Lo que sí debe ser criticado en su rescate de la militancia es precisamente su estilo: agresivo, de inusitada e innecesaria violencia verbal, que los kirchneristas deforman hasta el insulto y la difamación. No es casual que, poco antes de morir, Kirchner admitiese por primera vez la existencia de la crispación de los espíritus en los argentinos. Quienes se proclaman sus herederos políticos nada hacen por atenuarla. Basta con asomarse a las redes sociales, en las que sus militantes profieren agravios que sólo sirven para dar la exacta medida de su mediocridad intelectual y de su pequeñez moral. Es de esperar que estos tiempos exasperados dejen paso a un estilo de confrontación que respete al adversario, principio de madurez de un genuino sistema democrático, en el que la oposición es parte esencial e inescindible del arte de gobernar.

