Los problemas de Aerolíneas Argentinas
Desde su estatización en 2008, durante la primera presidencia de Cristina Fernández, la empresa Aerolíneas Argentinas no dejó de incrementar sus pérdidas a niveles impensados, pese a los millonarios aportes en formato de subsidio que erogaba el Estado; es decir, dineros públicos.
Desde su estatización en 2008, durante la primera presidencia de Cristina Fernández, la empresa Aerolíneas Argentinas no dejó de incrementar sus pérdidas a niveles impensados, pese a los millonarios aportes en formato de subsidio que erogaba el Estado; es decir, dineros públicos. Auxilios que en algunos casos orillaban los dos millones de dólares diarios y que iban a paliar no sólo el descomunal déficit del grupo Aerolíneas-Austral, sino también como aportes al heterogéneo universo de gremios aeronáuticos.Más allá del conflicto salarial que por estos días afecta los servicios de la empresa de bandera (y que deja varados a miles de pasajeros en los aeropuertos de todo el país), no sería antojadizo deducir que la política de la nueva administración, orientada a corregir aquellos derroches, haya afectado intereses de diversa índole.Si bien puede estar fuera de discusión la legitimidad del reclamo paritario de la Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas (Apla), resulta sugestivo que esos operadores hayan retomado las medidas de acción directa sólo unas horas después de vencida la conciliación obligatoria que disponía extender las negociaciones con la patronal.Es por ello que, por detrás de las reivindicaciones salariales, se instalaron fuertes sospechas respecto de alguna motivación política en el marco de este conflicto.Así lo insinuó la presidenta de la compañía, Isela Costantini: "No esperábamos una medida de fuerza (a la que se sumaron los maleteros) apenas tres horas después de vencida la conciliación obligatoria" refrendada en el Ministerio de Trabajo de la Nación, lamentó.Se trata de un diferendo que lleva meses y que ya había detonado un paro sin previo aviso de Apla el jueves 15 de este mes, que derivó en la cancelación de centenares de vuelos internacionales y de cabotaje.Como toda prestación de un servicio bajo la órbita estatal, las autoridades de Aerolíneas deben prevenir y encontrar fórmulas de negociación adecuadas para evitar que este tipo de presiones con obvio contenido político se reiteren y conspiren contra la decisión de restablecer la sustentabilidad y la eficiencia en la agenda de la empresa, ya sin el despilfarro de dineros de todos los contribuyentes.Es indiscutible en el mundo el sesgo de soberanía y de beneficios para los pasajeros que condensa una línea aérea de bandera con control estatal. Pero sería impropio soslayar los estudios que durante la anterior gestión coincidían en que Aerolíneas era "ruinosa y deficitaria".Las arcas del Estado no dan para más dispendios. Los que mal administraron tendrán que asumir sus culpas, y quienes hoy están al mando de la compañía, reencauzar el rumbo en bien de una aerolínea de prestigio en el mundo.

